Pedro González*
Una condición subjetiva para existencia de la democracia es que haya demócratas: presidentes, ministros, congresistas, funcionarios del Estado y ciudadanos que mantengan viva la democracia con sus palabras y acciones. Los presidentes en particular deben encarnarla, deben ser estadistas, comportarse de una manera que fortalezca la democracia.
En el acto de promoción a comisionados generales de la policía, uno ve a Daniel y Rosario con su nieto de dos años como si estuvieran en el patio de su casa. En ese acto, uno se da cuenta de que se consideran los dueños de Nicaragua. El niño ni siquiera habla bien y el abuelo le da el micrófono. Obviamente, el niño no dice nada. Los abuelos celebran al niño. Todo en familia. Los peones observan las pantallas de la televisión o de su teléfono y se ríen también. Pareciera cómico pero es trágico.
Los dueños de Nicaragua no están ahí para rendir cuentas y explicarle al pueblo de sus planes de gobierno. Esta no es una democracia. Este es un espectáculo en la edad de las redes sociales. Uno después encuentra en Facebook o Reels a los copresidentes de Nicaragua con el nieto.
De que Daniel no es un demócrata ya lo sabemos, gobierna de manera autoritaria. Él mismo ha dicho que la democracia sólo sirve para dividir a la gente. De ahí que le guste más el modelo de China, Cuba o Rusia.
Su visión y la de sus seguidores es que el comandante y la compañera están desarrollando a Nicaragua. (No hay que reírse, esto es serio). Están construyendo hospitales, carreteras, calles, viviendas, puentes, parques, etc. Las carreteras a la costa Caribe las construyó este gobierno. Tienen grandes proyectos, como el del canal y el de un puerto de aguas profundas, que harán que Nicaragua progrese más rápidamente. Andan en ferias de salud, en campañas de alfabetización, etc.
Sus seguidores son pocos pero no hay que olvidar una ley de la sociología que dice que una minoría bien organizada vence a una mayoría desorganizada.
Para los copresidentes y sus seguidores, el que se opone a ellos, se opone al desarrollo del país.
Para los copresidentes, el país son las obras de infraestructura. Pero el país no son las carreteras ni los puentes ni los hospitales. La opresión no se mide con carreteras malas, ni la libertad con buenas carreteras. Aunque sean importantes para el desarrollo económico, lo que hace un estadista es construir las instituciones que construirán las grandes obras. Instituciones que respeten la propiedad privada, el Estado de derecho, la libre elección, la libertad de prensa, la educación. Así se desarrolla la capacidad institucional para que los países entren en un círculo virtuoso de desarrollo. Así, por la lógica del interés compuesto, el desarrollo es estable y sostenido a largo plazo. Las instituciones son la gallina de los huevos de oro.
También eso requiere de una relación dialéctica entre el pueblo y los gobernantes, en la que estos rinden cuentas e informan a aquél de sus planes, y el pueblo tiene la capacidad de dar su opinión y elegir libremente.
Ahora, ¿podría pasar al revés, que de un desarrollo económico autoritario se llegara a construir instituciones? Sí es posible si hubiera desarrollo pero el gobierno actual no sólo no está desarrollando el país, sino que lo está empobreciendo.
La única esperanza es que haya estadistas en la oposición, gente capaz, educada, y verdaderos republicanos y demócratas.
*El autor es nicaragüense.
