El régimen de Daniel Ortega volvió a dar un giro en su errática política exterior. Este viernes, su co-canciller Denis Moncada salió en defensa del presidente de Colombia, Gustavo Petro, ante las “amenazas” que —según dijo— provienen del Gobierno de Estados Unidos, que recientemente sancionó al mandatario colombiano por presuntos vínculos con el narcotráfico.
Durante un encuentro en Caracas con parlamentarios afines al chavismo, Moncada elogió la postura de Petro frente a Washington y lo presentó como un líder que “defiende la soberanía de su país ante los ataques verbales, las amenazas militares y las medidas coercitivas unilaterales” de la Casa Blanca.
El diplomático sandinista incluso acusó al expresidente Donald Trump de “violar la soberanía de Colombia” y de poner en riesgo “la paz y estabilidad de América Latina”.
Sin embargo, las palabras del canciller contrastan frontalmente con las que su propio jefe, Daniel Ortega, lanzó apenas dos años atrás contra el mismo Gustavo Petro.
En septiembre de 2023, durante un acto político en Managua, el dictador nicaragüense llamó “basura”, “traidor” y “cómplice del narcotráfico” al presidente colombiano.
“¿Qué esperas, Petro, para sacar las bases militares yanquis de Colombia? Has traicionado y los traidores se juntan”, dijo entonces Ortega, acusando al líder colombiano de haber abandonado sus ideales guerrilleros para servir a los intereses del “imperio yanqui”.
Aquella diatriba fue uno de los ataques más virulentos del dicatdor sandinista contra un gobernante de izquierda en la región, motivada por la reacción de Petro ante la confiscación de la casa de la poeta Gioconda Belli por parte del régimen nicaragüense.
Hoy, en cambio, el mismo régimen que lo denigró públicamente lo presenta como un “blanco de agresión imperialista” y lo defiende en foros internacionales.
Este viraje revela, una vez más, el carácter oportunista de la política exterior de Managua, que pasa del insulto al respaldo según convenga a su narrativa antiestadounidense.
El respaldo a Petro también se enmarca en la estrategia regional del eje autoritario conformado por Nicaragua, Venezuela y Cuba, que busca presentarse como víctima de una supuesta “guerra” de Washington contra los regímenes de izquierda en América Latina.
