Leonel Argüello Yrigoyen, médico especialista en epidemiología
El cáncer cervicouterino, causado en más del 95% de los casos por el virus del papiloma humano (VPH), es una de las enfermedades más prevenibles y tratables. La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del Plan Mundial de Aceleración (PMA), establece una ruta clara para eliminar este cáncer como problema de salud pública antes de que termine el siglo.
La OMS define la eliminación como la reducción de una enfermedad a niveles tan bajos que deja de ser un problema de salud pública. No es erradicación total, sino control extremo y sostenido. Ejemplos de patologías eliminadas son la viruela (1980) en el mundo; la poliomielitis (polio) en América y en gran parte de Europa y Asia. El tétanos materno y neonatal en numerosos países mediante vacunación y atención del parto. El sarampión y la rubéola en varios países gracias a esquemas de vacunación masivos. La oncocercosis (ceguera de los ríos) ha sido eliminada en varios países de América Latina. Estos logros muestran que sí es posible eliminar enfermedades cuando hay vacunación, detección temprana y acceso al tratamiento. El cáncer cervical debe seguir la misma lógica.
Para eliminar el cáncer cervical, la OMS señala que el 90% de las niñas deben estar vacunadas contra el VPH, entre los 9 y 14 años, idealmente con una sola dosis, antes del inicio de las relaciones sexuales. El 70% de las mujeres deben realizarse la prueba de ADN del VPH a los 30 y 45 años. Esta detecta el virus antes de que cause daño; tiene mayor sensibilidad que el Papanicolaou y puede identificar infecciones de alto riesgo años antes de que aparezcan lesiones. Se recomienda cada 5–10 años según el país. Si no se cuenta con esta prueba, debe usarse la citología cervical o el Papanicolaou cada 3 años. En países con menos recursos, se utiliza la visualización del cuello del útero con ácido acético (VIA). Y por último, el 90% de las mujeres con lesiones deben ser tratadas a lo inmediato cuando se observan lesiones precancerosas y recibir una atención completa para cáncer invasivo.
El cáncer cervical no aparece de inmediato tras la infección. Puede tardar entre 10 y 20 años en desarrollarse; por eso, tenemos tiempo para detectarlo. Es imperdonable que las mujeres sigan muriendo por esta enfermedad, especialmente entre 30 y 49 años. Es raro observarlo en mujeres menores de 25 años y en las mayores de 65 años. Si siguiéramos esta enfermedad, la infección por VPH dura de 20–30 años, la persistencia del virus dura de 2–5 años, el desarrollo de lesiones precancerosas dura de 5–10 años y la evolución a cáncer invasivo dura de 10–20 años después de la infección inicial. La detección temprana es clave para evitar que el cáncer se desarrolle.
Esto significa que, con revisiones regulares, pruebas adecuadas y un tratamiento oportuno, ningún cáncer debería progresar. Podemos actuar con tiempo suficiente para evitar el daño: antes de que se desarrolle la enfermedad, la vacunación evita hasta el 90% de los cánceres. Antes de que aparezcan lesiones, la prueba de VHP a los 30 años detecta infecciones de alto riesgo antes de que afecten el cuello del útero. Antes del cáncer, realizar tamizaje a los 45 años para detectar lesiones avanzadas que aún pueden tratarse sin cirugía mayor. Y lo mejor: en etapas tempranas se resuelve con tratamientos ambulatorios simples y la mayoría de las lesiones precancerosas se tratan en minutos.
La eliminación del cáncer cervical es un objetivo alcanzable en pocas décadas. Existe una hoja de ruta basada en tres pilares —vacunar, detectar y tratar— que podría salvar millones de vidas, como se ha logrado con otras enfermedades eliminadas mediante intervenciones poblacionales. Implementar esta estrategia y garantizar el acceso universal o a todas las mujeres, es la clave para que el cáncer cervical se convierta en una enfermedad del pasado, tal como ya ocurrió con la viruela, la polio o la oncocercosis en muchas regiones del mundo.
