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One Health: una sola salud para un mundo interconectado

Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo

El enfoque One Health se ha convertido en una pieza clave para comprender y enfrentar los desafíos sanitarios del siglo XXI. Su premisa es simple pero transformadora: la salud humana, la salud animal y la salud ambiental están profundamente interconectadas, y ninguna puede abordarse de manera aislada. En un mundo donde los cambios ambientales, la globalización y la interacción constante entre especies se intensifican cada vez más, este enfoque integrado resulta indispensable.

Hoy sabemos que cerca del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes o que surgen en humanos tienen origen animal. La deforestación, el comercio de fauna silvestre, la expansión urbana y el cambio climático aumentan el contacto entre personas, animales domésticos y vida silvestre, lo que facilita la aparición de nuevas enfermedades. Al mismo tiempo, la degradación ambiental afecta la calidad del aire, del agua y de los alimentos, generando riesgos que impactan directamente en la salud humana. One Health reconoce estas conexiones y propone una colaboración estrecha entre profesionales de la salud, veterinarios, ecólogos, autoridades ambientales, gobiernos y comunidades.

Este enfoque también es fundamental para enfrentar la resistencia antimicrobiana, un problema global impulsado por el uso inadecuado de antibióticos en humanos y animales, así como en la agricultura. Sin una acción coordinada, los tratamientos actuales podrían resultar ineficaces y poner en riesgo avances médicos esenciales.

Pero One Health no es solo un marco conceptual, implica acciones concretas en distintos niveles de la sociedad. Cada sector tiene un papel clave en la construcción de sistemas de salud más resilientes o con mayor capacidad de afrontamiento, así como en la prevención de futuras crisis sanitarias.

A nivel institucional, las instituciones públicas y privadas pueden impulsar políticas que integren la salud, el medio ambiente y la agricultura. Esto incluye fortalecer la vigilancia epidemiológica conjunta, regular el uso de antibióticos, promover investigaciones interdisciplinarias y desarrollar sistemas de alerta temprana para detectar brotes zoonóticos. También es esencial invertir en infraestructura ambiental, como el saneamiento, el control de vectores y la protección de los ecosistemas.

A nivel comunitario, las comunidades pueden desempeñar un rol decisivo mediante prácticas de saneamiento, el manejo adecuado de residuos y la protección de las fuentes de agua. La educación ambiental y sanitaria es clave para prevenir enfermedades transmitidas por animales o vectores. Además, la participación comunitaria en la conservación de áreas verdes y en la vigilancia de riesgos locales fortalece la capacidad de respuesta ante amenazas sanitarias.

A nivel familiar, las familias pueden contribuir manteniendo al día las vacunas de las personas y de las mascotas, practicando una higiene adecuada en el manejo de los animales domésticos y evitando el uso innecesario de antibióticos. También pueden reducir la exposición a contaminantes en el hogar y adoptar hábitos que favorezcan un entorno saludable, como el uso responsable del agua y la reducción de residuos.

A nivel individual, cada persona puede aportar cuidando su entorno, reciclando, reduciendo el uso de plásticos y optando por una alimentación sostenible. La prevención de enfermedades transmitidas por vectores, como el uso de repelentes o mosquiteros, también es fundamental. Informarse, participar en iniciativas locales y adoptar comportamientos responsables fortalecen la salud colectiva.

Adoptar One Health significa ampliar nuestra mirada y reconocer que la salud es un tejido común que une a las personas, a los animales y al planeta. Integrar este enfoque no solo es una cuestión de justicia ambiental y social, sino también una estrategia esencial para garantizar un futuro más seguro y saludable para todos.