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En Venezuela y Nicaragua ¿robaron tanto para qué?

Henry Briceño

Todos los que destrozaron la economía venezolana y hundieron a ese hermoso país en la peor de las miserias no podrán gozar de sus yates, mansiones, aviones y miles de millones de dólares y barras de oro. Nicolás Maduro está en una fría cárcel de New York de vecina su esposa Cilita y resto de la camarilla obedeciendo ordenes de Washington con una orden de captura pendiente de ejecutar. No pudieron  gozar la riqueza arrebatado al noble pueblo venezolano.

En Nicaragua sucede igual situación. La riqueza material de Daniel Ortega, su mujer Rosario Murillo, sus hijos y una veintena de allegados que han logrado amasar una fortuna arrebatada, también, al pueblo nicaragüense, obviamente no gozan ni podrán gozar un cinco de ese patrimonio manchado con sangre de jóvenes universitarios. Una cárcel espera a Ortega, Murillo y los suyos.

No pueden disfrutar de nuevas y millonarias mansiones como la mal obtenida de Laureano Ortega. Para que tanta plata, en el caso de los codictadores nicaragüenses, cuando la edad y enfermedades les aquejan de forma visible. De presentación en presentación pública más difícil dar un paso tras otro tal es la escena del decrépito Ortega. A su par Rosario, con aparente soltura al andar, la carcome interiormente su propia e infinita maldad y tras de cada día un diente menos en señal evidente de un indetenible deterioro. El fin está cerca.

Los ilegales codictadores están condenados a no saborear un vigorón por la gran sultana menos un mondongo masatepino. La paranoia puede más. Tienen razón, es difícil para Daniel y Rosario, olvidarse del doloroso daño que han provocado a la familia nicaragüense. Saben lo que han hecho y sus temores les inhibe caminar por las calles de Nicaragua, pues, otro “Rigoberto López Pérez” podría aparecer en cualquier esquina. En esto no se equivocan.