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Imperdonable: Rosario Murillo arrebató herencia a un niño

Henry Briceño

Arrebatarle herencia a un niño es crimen. Eso hizo Rosario Murillo y Daniel Ortega con el joven que aparece en imagen. Esta criatura, junto a su papá, mamá y hermana, fueron secuestrados, desterrados y confiscados el 24 de noviembre de 2024. Dos fusiles Aka apuntaron, en esa ocasión, al rostro de mi inocente hijo. Eso jamás se lo perdonaré a la malvada Rosario Murillo y al abusador de niñas Daniel Ortega.

Irrumpieron mi residencia 20 guardias al mando del monstruo comisionado Lázaro Clemente Quintanilla Álvarez, todos armados, llegaron gritando y apuntando sus armas al rostro de mi esposa, hija e hijo. El jefe policial, con su pistola en mano, me interpeló e hizo saber que toda mi familia estaba detenida y que íbamos desterrados. No presentó orden judicial para allanar mi residencia y efectuar tal detención.

Vecinos alterados por la presencia de unidades policiales y uniformados fueron testigos de la forma brutal en que una dama, una jovencita y un niño junto a su padre adulto mayor fuimos secuestrados y luego desterrados de nuestra propia vivienda. De nuestro propio país. Nos robaron todo y no permitieron que evacuáramos siquiera una camisa o un córdoba. Saña descomunal. Obra de Rosario Murillo y Daniel Ortega.

A mi hija, Alana, la maldad de Murillo y Ortega le arrebató su cuarto año de medicina, a mi hijo su graduación de primaria, a mi esposa y servidor la opción de continuar desarrollando la economía de nuestro municipio en consecuencia del país. Pura maldad. Pese a esta brutalidad la solidaridad no faltó y mi hija logró reubicarse lejos de su patria en otra universidad a continuar sus estudios.

Mi hijo, Henry José, gozó su promoción en un país hermano tomado de la mano del Sacerdote Rafael Aragón. Hemos comenzado de cero una nueva vida en un país extraño pero solidario. Nos estamos reconstruyendo económica y emocionalmente con la alegría del nicaragüense que sabe enfrentar adversidades por duras que sean.

Hoy, con la serenidad que Dios nos otorga, resistimos, caminamos, nos robustecemos de fe y esperanza en un futuro mejor. Los vientos de estos días nos traen noticias de un posible retorno a la patria que no se olvida. Para ello deben surgir garantías que una venenífera dictadura no puede brindar.

No se puede, tampoco, confiar en los que siempre han mentido al pueblo nicaragüense. Creer en promesas vacías de Rosario Murillo y Daniel Ortega sería un suicidio y ya aprendimos la lección. Sólida garantía internacional para el retorno a la patria o que la presión de países amigos acelere el indetenible hundimiento de la dictadura en su pestífera boñiga.