Enrique Sáenz
Bien lo dice el refrán: «No hay peor cuña que la del mismo palo»…
En estos tiempos se repite cada vez con mayor frecuencia el caso de hijos o descendientes de migrantes que, una vez afincados en el nuevo país, se hacen los gatos bravos o las gatas bravas en contra de los compatriotas de sus progenitores.
Por lo destacado del hecho quiero referirme a una candidata a la presidencia de Costa Rica en las elecciones recientes: Natalia Díaz Quintana.
Descendiente de nicaragüenses por vía paterna y vía materna, en los debates exhibió el discurso de xenofobia más duro en contra de los migrantes. Por ejemplo, cuestionó el hecho de que extranjeros se nacionalizaran o tuvieran hijos en suelo nacional porque «después terminan siendo ticos»… Cuando exactamente era ese su caso.
O frases como estas: «Si usted está de acuerdo (con que se atienda a migrantes en la seguridad social tica), pague usted la cuenta».
El caso es divulgado en un reportaje del diario La Prensa y lo rescato porque, sobre todo cuando se trata de figuras públicas, son actitudes que no deben dejarse pasar impunemente…
