San José, 20 de abril de 2026. El tipo de cambio sigue siendo el protagonista de la angustia económica en Costa Rica. Este lunes, el dólar se mantiene en niveles que el sector productivo califica de «asfixiantes», rondando los ₡462. Mientras el Banco Central defiende su política de flotación administrada, el impacto en las zonas rurales —donde la agricultura es el motor de vida para miles de familias, incluyendo a la comunidad nicaragüense— está llegando a un punto de quiebre que amenaza con despidos masivos antes de que termine el primer semestre del año.
El economista Gerardo Corrales ha sido enfático hoy al denunciar que la competitividad del país se está «evaporando» frente a una moneda artificialmente fuerte que no refleja la realidad de los costos internos. Según Corrales, la implicación es clara: el exportador de piña o banano recibe menos colones por cada dólar, pero debe pagar salarios y servicios que no bajan de precio.
Es necesario reconocer que esta bonanza cambiaria para unos es la ruina para quienes generan el empleo en el campo. Por su parte, la Cámara de Exportadores (CADEXCO) ha reiterado que, si no hay un ajuste en la política monetaria, el país corre el riesgo de ver cómo empresas multinacionales en zonas francas empiezan a buscar destinos más baratos en la región.
