SAN JOSÉ, COSTA RICA – En un giro drástico hacia la verticalidad institucional, la presidenta de la República, Laura Fernández Delgado, anunció la creación de una «Fuerza Élite» orientada a centralizar y fiscalizar el combate policial contra las estructuras del narcotráfico y el sicariato en el país.
El anuncio, realizado tras su primera gran sesión de seguridad, marca el banderazo de salida para una estrategia de «mano dura» que no solo busca golpear las bases operativas de las bandas criminales, sino también purgar las filas del propio Estado.
A diferencia de unidades tácticas previas, esta Fuerza Élite operará como un comando estratégico de alta dirección, encabezado en persona por la mandataria todos los lunes a primera hora.
En este espacio, los jerarcas del Ministerio de Seguridad Pública, el Ministerio de Justicia y Paz, la Fuerza Pública, Guardacostas y Vigilancia Aérea deberán rendir cuentas directas sobre el avance de los operativos territoriales.
Purga institucional: «Polígrafo o afuera»
Uno de los componentes más severos del anuncio presidencial radica en la obligatoriedad de someter a todos los ministros y mandos de los cuerpos policiales a pruebas de polígrafo de manera regular, con el fin de cortar de raíz la penetración de capitales ilícitos en las fuerzas del orden.
«Ordené que a todas y cada una de estas personas se les haga una prueba de polígrafo. No voy a tolerar el menor tufito a crimen organizado. Quienes no pasen la prueba, tienen los días contados dentro de nuestras instituciones», aseveró tajantemente Fernández Delgado durante su intervención.
El frente carcelario y el quiebre garantista
La estrategia del Ejecutivo apunta al control total de las prisiones, señaladas históricamente como los centros de mando de las redes criminales. La presidenta instruyó al ministro de Justicia a reformar con inmediatez los reglamentos penitenciarios que permiten el ingreso de artículos suntuarios y anunció el desarrollo de un proyecto de ley para tipificar penalmente la mera pertenencia a bandas delictivas organizado, estimando que la inteligencia policial tiene plenamente perfilados a unos 4.300 delincuentes clave dentro de 260 estructuras activas en el país.
Asimismo, la gobernante encendió las alarmas de los sectores jurídicos al proponer una reforma legal para intervenir las comunicaciones de los criminales de máxima peligrosidad, incluso en sus espacios de defensa técnica:
«Voy a proponer una ley para que las visitas a ese perfil de delincuente que está en máxima seguridad sean grabadas en video y en audio. Sé que actualmente tienen una prohibición legal… pero estamos peleando contra corrientes garantistas y progresistas que pusieron por delante los derechos de los delincuentes y se les olvidaron las víctimas. Tenemos que enderezar eso».
Reacciones inmediatas: Choque de poderes en el horizonte
El discurso de la mandataria no tardó en levantar las primeras reacciones en los círculos políticos y judiciales del país. Si bien sectores de la ciudadanía y bancadas afines al Gobierno celebran la contundencia de las medidas, desde la Asamblea Legislativa y colectivos de juristas ya se formulan severas advertencias de constitucionalidad.
Expertos en derecho penal señalaron que la propuesta de grabar las conversaciones entre los privados de libertad y sus abogados defensores violenta el principio sagrado del secreto profesional y el debido proceso, protegido por la Constitución Política y convenciones internacionales de derechos humanos. Por su parte, diputados de las fracciones de oposición (PLN y Frente Amplio) manifestaron que, si bien están dispuestos a legislar en favor de la seguridad, no secundarán medidas que rocen el autoritarismo o debiliten el Estado de Derecho.
La encrucijada de la presidenta Laura Fernández se resolverá en gran medida este viernes 29 de mayo, cuando reciba a los 57 diputados en Casa Presidencial. Ese día se medirá si la «Fuerza Élite» cuenta con el músculo político y el presupuesto real para sostenerse, o si la estrategia se empantanará en la rigidez de la burocracia estatal costarricense.
