En el marco del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, la organización Renacer Nicaragua sostuvo que el proyecto político iniciado el 19 de julio de 1979 no fue una revolución “traicionada” con el paso del tiempo, sino un “fracaso de origen”, al considerar que desde su concepción incorporó elementos autoritarios propios del modelo marxista-leninista que, a su juicio, terminaron desembocando en la actual dictadura encabezada por Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En un pronunciamiento, la organización rechaza la narrativa de que el sandinismo fue desviado únicamente por Ortega y sostiene que las bases ideológicas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ya contenían los mecanismos que facilitaron la concentración del poder.
“Persistir en la idea de que la revolución fue simplemente traicionada constituye una explicación cómoda que traslada toda la responsabilidad a quienes posteriormente concentraron el poder, mientras absuelve el diseño político e ideológico que le dio origen”, señala el documento.
Cuestionan el modelo político del sandinismo
Renacer Nicaragua argumenta que el FSLN adoptó desde sus inicios el modelo del partido de vanguardia, inspirado en la tradición marxista-leninista, bajo la premisa de que una élite revolucionaria posee la legitimidad para conducir a la sociedad hacia un supuesto destino histórico.
Según el análisis, esa concepción desplazó al ciudadano como eje de la vida política y convirtió las libertades individuales en concesiones del poder.
“La pluralidad política, la crítica y la autonomía ciudadana se consideran obstáculos que deben ser disciplinados en nombre de una causa histórica presentada como inevitable”, expone la organización.
El documento sostiene que ese modelo ya había demostrado sus limitaciones en experiencias como la Unión Soviética, Europa del Este y Cuba, donde la planificación centralizada, el monopolio político y la concentración del poder derivaron, según la organización, en economías ineficientes, escasez y represión.
Señalan continuidad entre el sandinismo y el orteguismo
Uno de los principales planteamientos del pronunciamiento consiste en afirmar que no existe una ruptura entre el sandinismo histórico y el régimen actual, sino una continuidad política e ideológica.
La organización sostiene que las confiscaciones, la estatización de empresas, el Servicio Militar Patriótico, la censura a la prensa y la subordinación de las instituciones al partido durante los años ochenta respondieron a la aplicación del modelo revolucionario original y no únicamente al contexto de la guerra.
Asimismo, considera que el actual autoritarismo no representa una desviación del proyecto sandinista, sino una consecuencia de sus fundamentos políticos.
“Por ello resulta artificial separar al sandinismo del orteguismo o del murillismo como si fueran proyectos esencialmente distintos. Comparten una misma raíz doctrinaria y una misma concepción del poder”, afirma el texto.
Una “revolución ciudadana”
Como conclusión, la organización plantea que Nicaragua necesita una transformación distinta a la impulsada en 1979.
En lugar de restaurar proyectos políticos anteriores, propone construir una “revolución ciudadana, democrática, republicana y liberal”, basada en el respeto a los derechos individuales, el Estado de derecho y la limitación del poder político.
“Solo entonces Nicaragua podrá abandonar definitivamente el pantano político heredado del siglo XX y abrir paso a una nación moderna, libre y verdaderamente democrática. Esa sí sería una revolución digna de ese nombre”, concluye el pronunciamiento.
