El pasado 24 de julio, el comisionado general Marcos Acuña Avilés fue destituido de su cargo como “jefe de la escolta” del dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, labor en la que estuvo asignado por más de 25 años, según reporta el medio Confidencial.
La orden de la destitución provino de la mujer de Ortega, la vicedictadora Rosario Murillo. Acuña, había sido una figura central en la protección de Ortega desde los años 90 y “jefe de la escolta presidencial” desde el 10 de enero de 2007.
La destitución de Acuña se produjo después de una supuesta discusión con Rosario Murillo, según confirmaron a Confidencial fuentes vinculadas a la Policía. La situación culminó en una fuerte alteración emocional para Acuña, quien esa misma noche fue ingresado en el Hospital Carlos Roberto Huembes con una elevación de presión arterial.
Desde entonces, permanece bajo custodia policial en el hospital, sin contacto con el exterior.

El ambiente en la Policía fue descrito como tenso en los últimos meses, con crecientes fricciones entre Murillo y Acuña. La tensión parece haber llegado a un punto crítico, reflejado en la rapidez con que Murillo tomó la decisión de destituir al oficial.
En El Carmen, domicilio de los dictadores, ya se ha seleccionado un sustituto para el cargo, según el medio, sin detallar un nombre.
Acuña, ascendido a comisionado general en 2014, fue conocido por su lealtad a Ortega, un aspecto que, según fuentes cercanas, influyó en su carrera. En su trayectoria, Acuña pasó de subcomisionado a comisionado mayor entre 2007 y 2010, una serie de ascensos que requirieron al menos 15 años de servicio, pero que fueron acelerados por su dedicación al dictador nicaragüense.
