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2024: sin motivaciones para celebrar

Ezequiel Molina | Diciembre 31, 2024

Es difícil poder celebrar el fin de año y un nuevo año que comienza, con todo el significado que conlleva la palabra “celebrar”, algunos de los significados señalados por el diccionario RAE indican, “Realizar un acto festivo por algo que lo merece”, otro dice, “Mostrar o sentir alegría o agrado por algo”; en realidad son una minoría de familias nicaragüenses las que pueden “celebrar” a plenitud las festivas y tradicionales fiestas de fin de año, y es que en lo general se trata de unir a la familia, abuelos, madres, tíos, hermanos e hijos, es la época del año en donde todos tratan de reunirse y compartir, ya sea una humilde cena o una opulenta fiesta, eso depende de las condiciones económicas y las preferencias de cada familia. ¿Cuántas familias en Nicaragua han perdido uno o más miembros?, la respuesta es de seis dígitos, centenares de miles, y no sólo me refiero a los parientes que físicamente nos dejaron por padecimientos naturales o hechos fortuitos, me refiero a los asesinados por las balas de la dictadura, a los desaparecidos que sabemos con certeza que no volverán y que ni siquiera pudieron gozar de un sepelio normal, los que están secuestrados en las cárceles del régimen sin derecho a ser visitados o auxiliados en sus dolencias, y eximidos del debido proceso, el que fue negado por los dictadores y sus operadores, los miles de exiliados, despatriados o no, pero que comparten la angustia de no poder volver a su país; es decir, las motivaciones para celebrar son reducidas a cenizas frente a las maldades, abusos y crímenes de la pandilla que ilícitamente se aferra al poder.

Pero, no olvidemos a otro sector importante de la sociedad nicaragüense que no podemos ubicar en la tragedia de la mayoría, pero de igual forma sufren en silencio ante lo sucedido y lo que potencialmente podría suceder; las familias de los miembros de los cuerpos armados, así como de sus fuerzas “voluntarias” -orejas y paramilitares-, de los que ocupan cargos relevantes de la administración estatal, de los que han actuado públicamente como instrumentos de confiscaciones, de uso y abuso de propiedades y otros bienes, de quienes han expulsado a trabajadores en áreas sensibles de los servicios de educación, salud y otros servicios públicos, y tantos otros que han sido plenamente identificados por sus víctimas, que calladamente sufren entre el silencio del miedo y la rabia de la indefensión. Somos demasiados los que no podemos celebrar, ojalá este período festivo sirva de reflexión a quienes están a tiempo, o tienen la oportunidad, de abandonar el barco dictatorial, que inexorablemente naufragará. Renuncien, huyan, o hagan lo necesario para evitar más dolor a sus familias. Por un 2025 sin dictadura.