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Ezequiel Molina | Enero 28, 2025

La formidable capacidad productiva de los migrantes, exportada de América Latina hacia Estados Unidos, produce un significativo alivio financiero a millones de hogares a través de las remesas familiares, a la vez que pone al descubierto la incapacidad estatal de los gobiernos de la región para generar bienestar para sus ciudadanos, quienes se ven forzados a buscar mejores horizontes y en los casos más dramáticos, también para resguardar su integridad física, como es el caso de Nicaragua, Cuba y Venezuela, los que podrían considerarse países en fuga.

En 2024, según BBVA Research, el dinero enviado por los migrantes alcanzó la estratosférica cifra de 160,900 millones de dólares -7,700 millones más que en 2023- representando el 2.3% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe. Conocidas esas cifras, pasamos a una operación matemática simple, si para Colombia las remesas alcanzaron el 3.3% del PIB, y el presidente Gustavo Petro no permitió que la administración Trump enviara un número de deportados colombianos en condiciones consideradas inhumanas, encadenados y esposados, y para tal efecto envió dos aviones para que trajeran de regreso a los deportados, ¿cómo estará considerando la pareja dictatorial recibir a los deportados nicaragüenses?, recordemos que las remesas enviadas por los nicaragüenses representan cerca del 30% del PIB, un verdadero salvavidas financiero para la dictadura. Hagan sus conclusiones.