El dictador Daniel Ortega condenó las políticas migratorias del presidente de Estados Unidos Donald Trump, especialmente las deportaciones masivas de inmigrantes que, según él, han sido tratados injustamente, acusados sin pruebas y expulsados del país sin el debido proceso.
Las declaraciones de Ortega se dieron en el marco de la XII Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP, de forma virtual.
En su intervención, Ortega expresó “solidaridad” con los migrantes que, a su juicio, están siendo “atropellados” por las autoridades estadounidenses, a quienes acusó de descalificar a los inmigrantes como “delincuentes” sin evidencia concreta. Lo mismo que él hace con los opositores nicaragüenses.
“Y expresar nuestra solidaridad con los pueblos que están siendo atropellados, por la forma en que están tratando a los inmigrantes que tenían años de estar asentados en los Estados Unidos, que habían hecho toda la vida en los Estados Unidos, y los están tratando como delincuentes, y los acusan de ser delincuentes, los acusan de ser narcotraficantes, sin ninguna prueba, sin ningún juicio, sin ninguna sentencia que digan que esos ciudadanos han cometido delito alguno, simplemente los descalifican de la manera más brutal y a sacarlos a patadas de ese territorio”, declaró el dictador Ortega.
Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la política de represión de la dictadura Ortega-Murillo que también expulsa y destierra de su país a nicaragüenses críticos y opositores.
El mismo Ortega que ahora exige respeto a los derechos humanos de los migrantes, es el que ha liderado un régimen que persigue, encarcela y expulsa a sus propios ciudadanos que se oponen a su régimen.
Miles de nicaragüenses han sido forzados a huir del país, enfrentando situaciones extremas de violencia y represión por ejercer su derecho a la protesta. Esta contradicción no ha pasado desapercibida para muchos observadores que acusan a Ortega de ser un “sinvergüenza”, “cínico” y un “genocida” por la persecución sistemática que lleva a cabo contra quienes se oponen a su régimen.
Ortega, en su intervención, también hizo un llamado a que se valore el aporte de los inmigrantes en las economías de los países que los reciben, destacando la necesidad de una mayor “voluntad de paz” y el “respeto a los derechos humanos”.
Sin embargo, mientras reclama por el trato a los migrantes, su régimen sigue ignorando los derechos fundamentales de aquellos que simplemente ejercen su derecho a la libertad de expresión y protesta en Nicaragua.
Ortega, violador de derechos humanos, concluyó su discurso con una reflexión sobre el futuro, manifestando la esperanza de que los países respeten los derechos humanos y la humanidad, tanto dentro de sus fronteras como en su trato a los migrantes.
