Ezequiel Molina | Abril 4, 2025
La imposición de aranceles a Nicaragua de parte de Estados Unidos, por encima del resto de países de Centro América -18% a Nicaragua, y10% al resto de países de la región- es muestra inequívoca que Trump no tuvo ningún sesgo político al aplicar dichas tarifas, y es que Nicaragua tiene la tarifa más elevada de Centro América (36%) para los productos importados de Estados Unidos. Así obtuvo un 50% de reciprocidad en la nueva tabla, al igual que el resto de países indicados con tarifas superiores al 20% para el país del norte. (https://www.cnbc.com/2025/04/02/trump-reciprocal-tariffs-countries-chart-imports-united-states.html). La actual administración estadounidense actúa en consecuencia con la ruptura del orden comercial que venía funcionando hasta ahora, desconociendo incluso los objetivos establecidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC), la cual cuenta con 164 países miembros y 20 naciones en calidad de observadores.
Pero esta guerra comercial alejada de toda perspectiva ideológica y centrada en los grandes competidores económicos de Estados Unidos en materia geopolítica, no logra convencer a la dictadura rojinegra que están fuera de peligro, y siendo los sandinistas conocidos temerosos del “imperialismo yanqui”, han dado pie atrás en algunos casos y guardado silencio en otros; la demanda contra Alemania por proveer armas a Israel en abril del año pasado, interpuesta por Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y que fue desestimada por el alto tribunal un mes después, quedó engavetada en El Carmen y no se volvió a hablar del caso. Pero este primero de abril la temida dictadura, en este caso temerosa, retiró su petición a la CIJ para intervenir como parte del caso contra Israel por violar la Convención sobre el Genocidio de 1948 (https://www.lamesaredonda.net/nacionales/94483-dictadura-retira-su-peticion-a-la-cij-de-ser-parte-del-caso-contra-israel-por-genocidio/).
De nada ha servido al régimen actuar bajo el efecto avestruz, un sesgo cognitivo que implica la tendencia a evitar toda aquella información negativa, principalmente aquella catalogada como “peligrosa”, más aun cuando este 3 de abril el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua de la ONU publicó un informe donde identifica a 54 funcionarios sandinistas responsables de diversos crímenes contra la población nicaragüense desde 2018, y aunque el informe fue compartido con el régimen, este optó por guardar silencio y retirarse del Consejo de Derechos Humanos.
Silencio y complicidad ante las deportaciones de nicaragüenses de Estados Unidos, silencio ante las amenazas contra la soberanía de más de un país por parte de la administración Trump, silencio ante la embestida tarifaria, y muchos otros silencios; pero la respuesta represiva a lo interno del país se intensifica marcada por aquel abril insurrecto que propuso sin lugar a dudas, el sepelio del sandinismo.
