Sabemos que el término narcisismo nos lleva a ciertas conductas que pueden ser perjudiciales para los alrededores sociales de la persona que lo padece, el narcisismo ya sea, en gran o menor medida, es la búsqueda de la atención y la admiración de sus logros y cualidades, sin importar los daños o consecuencias colaterales, además, suele ir acompañado de una respuesta reaccionaria a la más mínima critica u oposición a sus ideales. A lo largo de esta rebelión se ha visto un fenómeno que describe, a grandes rasgos, las conductas que tienden a seguir. La creación y muerte de organizaciones o espacios, ya sea de participación social o política, ha evidenciado a estos grupos que buscan un espacio, donde, no solo sean escuchados, sino, que también un lugar donde su protagonismo y voz, sea notorio y central de estos hechos “históricos”, alimentándose del apoyo entre sus mismos círculos, lo cual refleja una constante necesidad de validación interna y externa.
En el contexto de los grupos de oposición, el narcisismo sociopolítico se evidencia en su incapacidad para cohesionarse, ya que cada facción prioriza sus propios intereses colectivos sobre los objetivos nacionales y humanitarios; Este enfoque egocéntrico no solo dificulta la unidad dentro de la oposición, sino que también limita su capacidad para resonar con el electorado. Además, la dinámica de estos grupos suele depender de actividades económicas disfrazadas de iniciativas sociales o políticas, estas actividades económicas refuerzan un ciclo cerrado, en el que las propagandas y actividades sociopolíticas tienen un alcance limitado, y no logran generar un impacto significativo en la sociedad nicaragüense. Esta percepción genera un ambiente en el que incluso las críticas constructivas son interpretadas como ataques personales. Como resultado, los esfuerzos de la oposición por presentarse como una alternativa viable al poder se ven obstaculizados por la falta de cohesión interna y la desconexión con la ciudadanía, perpetuando un ciclo de ineficacia y falta de impacto real en algún escenario político.
El comportamiento de los grupos opositores, dentro de esta panorama, deja al descubierto complejas dinámicas que subyacen en sus interacciones y estrategias, las cuales terminan limitando su capacidad de interpretación y avance dentro de la coyuntura, este escenario no solo revive viejas rencillas, también dificulta alcanzar una verdadera cohesión entre estos grupos opositores (llegando a los jóvenes en forma de política criolla) y se convierte en un obstáculo significativo para la elaboración de un proyecto de gobierno sólido que contemple varias aristas. Aunque la perspectiva de unidad entre los diversos grupos de oposición es idealizada y es presentada como un objetivo en común, en la práctica, esta unidad se ve constantemente amenazada y socavada por intereses de carácter ideológico, político y económico. Además, esta fragmentación interna no solo afecta la capacidad de la oposición para estructurar un plan de gobierno coherente, sino que también debilita su legitimidad y credibilidad ante la sociedad. La percepción pública de una oposición dividida y en conflicto constante, ya ha erosionado la confianza de los ciudadanos en su capacidad para liderar y gobernar, lo que, a su vez, refuerza indirectamente el poder del régimen dictatorial sandinista-orteguista percibido por algunos como la única alternativa de estabilidad económica por precaria que esta sea
En lugar de avanzar hacia la unidad y la construcción de una propuesta política sólida, la oposición se encuentra atrapada en una dinámica de autodestrucción que pone en riesgo su relevancia y efectividad en el escenario político nacional. En el seno de estos grupos de oposición abundan los debates ideológicos que combinan discursos empíricos, dejando en segundo plano el posicionamiento conjuntos para atacar directamente a la dictadura, ahora, estas posiciones ideológicas, no son más que percepciones de diferentes espacios que propician al debate bofo, sin un sustento que refuerce una idea, propiciando a discusiones extremistas prolongadas.
Mientras tanto, en medio de este encapsulamiento, donde el “actor uno” participa en distintos espacios, enfrentándose a sí mismo, pues su afiliación fluctúa entre espacios, por la falta de representación. También sucede con diferentes actores que cambian de camiseta en dependencia de la situación. La historia de las revoluciones es cruel, mientras en estos espacios la contienda de sobreponer el ideal perfecto, siendo el pan de cada día, millones de nicaragüenses habitan un país donde las oportunidades se han desvanecido y ha sido reemplazada por otra más cruza y persistente: sobrevivir.
