CARLOS PELLAS Y LA POLÍTICA

*Eduardo Estrada

Cuando en cierta ocasión a Carlos Pellas, le preguntaron si pensaba incursionar en la política nicaragüense, contestó:

«En mi opinión hay dos formas de incursionar en la política: una, de manera directa, optando a cargos públicos de elección. A esta te puedo asegurar que no. La otra es de manera indirecta: tratando de influenciar a los políticos para que actúen en función de sus promesas y del bienestar de sus pueblos. En esta siempre he estado y sigo estando involucrado.»

En otras ocasiones, ha definido su éxito en los negocios a un pragmatismo básico: salirse cuando los negocios no van bien o entrar en aquellos que aseguran éxito, una visión que desde luego aplica a sus relaciones e influencia política, no sólo en Nicaragua, sino en Centroamérica, donde tiene varias corporaciones.

De ahí, pues que estamos frente a un empresario con una gran sagacidad –una forma de ver la vida heredada de varias generaciones–, un franco pragmatismo, la otra cara de la monea del poder.

El grupo Pellas tiene derecho a existir, y que bien que tengamos empresarios de u nivel, pero el problema es que  la riqueza acumulada por ese grupo –al igual que otros de Nicaragua– se basa en las prebendas y protección arancelaria, a la posición mono o oligopólica de sus empresas y su oportunismo político.

¿Quiere Ud. tomarse una botella de ron?

Pues obligado a tomar Flor de Caña, pues los precios de los rones extranjeros no están al alcance de la mayoría de los nicaragüenses.

Los rones extranjeros y otros licores tienen un fuerte arancel o impuesto que loso hace inaccesible a los nicaragüenses.

¿Quiero Ud. comprar azúcar?

Debes comprar azúcar San Antonio o de otros oligopolios nacionales, pues no se puede importar azúcar, porque es prohibido, mientras los ingenios extienden cada año sus sembradíos con graves consecuencias ecológicas (vaya a Chinandega y verán).

Pero el grupo Pellas no es el único que se aprovecha de la protección arancelaria.

No se puede importar carne libremente ni pollo ni huevos ni café ni arroz, y la cerveza tiene unos aranceles tan altos que tomarse una cerveza extranjera es un verdadero lujo. O Toña o Victoria.

Pero quién impuso este régimen tan infame?

No se trata del capitalismo salvaje, antes bien los grandes teóricos del liberalismo, como Milton Friedman, afirma que en el mercado debe prevalecer el bienestar del consumidor, y no el de los monopolios. Adam Smith, cuyas doctrinas sobre la Riqueza de las Naciones son un ejemplo a seguir, estaría horrorizado del sistema arancelario o de impuestos que sufren los productos importados en Nicaragua.

Este régimen lo han impuesto a través de la historia un grupo de empresarios sin escrúpulos, a los que el economistas Michael Porter –ya hace muchos años–, exhortó a que se desarrollaran estratégicamente, pero no a costa de protección arancelaria. Pero el mensaje del autor de la Competencia de las Naciones tampoco les llegó.

Ni los gobiernos de derecha ni de izquierda han podido eliminar este modelo económico infame.

En este periodo de farsa prelectoral, uno esperaría que en los programas de gobierno –que se han elaborado a la ligera o tal vez solo copando– incluyeran la anulación paulatina de este modelo de protección arancelaria.

Pero eso no sería suficiente, pues estos astutos empresarios se las ingeniarían para corromper a los gobiernos de turno.

–¿Quieres un trago de ron?

–No, don Carlos, prefiero una cerveza bien helada y que sea Brava.

(Esta es otra historia que contar).

Estos empresarios o «capitalistas de cuates», son los verdaderos representantes del capitalismo liberal, sino de la edad tardía de la época colonial.

El dictador Ortega, tiene pues bien claro como apretarle las tuercas a estos oportunistas.

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