Las declaraciones de la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, sobre su relación con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desataron una ola de críticas por parte de exmandatarios costarricenses, quienes acusaron a la gobernante de minimizar la crisis de derechos humanos que vive Nicaragua y de apartarse de la histórica posición de Costa Rica en defensa de la democracia.
La expresidenta Laura Chinchilla fue una de las voces más contundentes y ofreció disculpas al pueblo nicaragüense por lo que calificó como “atroces declaraciones” de la actual mandataria costarricense.
Chinchilla cuestionó que Fernández afirmara que Nicaragua tiene “la forma de gobierno que ha elegido tener”, ignorando que las elecciones de 2011, 2016 y 2021 fueron ampliamente cuestionadas por organismos internacionales y que, en los comicios de 2021, siete aspirantes presidenciales fueron encarcelados o inhabilitados.
Asimismo, la exmandataria reprochó que la presidenta costarricense destacara una supuesta estabilidad económica de Nicaragua sin mencionar las graves violaciones a los derechos humanos atribuidas al régimen Ortega-Murillo, entre ellas cientos de asesinatos durante la represión de 2018, desapariciones forzadas, miles de detenciones políticas, el cierre de organizaciones civiles y universidades, además de la persecución contra opositores dentro y fuera del país.
Chinchilla también criticó que Fernández omitiera el reciente fallecimiento del líder indígena miskitu y preso político Brooklyn Rivera, ocurrido bajo custodia estatal tras permanecer desaparecido por meses, un caso que generó condenas de organismos internacionales y gobiernos extranjeros.
En su pronunciamiento, la expresidenta cuestionó además la frase con la que Fernández cerró sus declaraciones: “Dios con Nicaragua”, al considerar que desconoce la persecución contra la Iglesia católica y otras expresiones religiosas en el país vecino.
“Hay dos posibles explicaciones de tal desatino: ignorancia o indiferencia. Si es lo primero, avergüenza al país; si es lo segundo, deshonra nuestra tradición de condena absoluta a las tiranías y no representa el sentir mayoritario de los costarricenses”, afirmó Chinchilla.
Por su parte, el expresidente Luis Guillermo Solís aseguró que las palabras de Fernández evidencian un “profundo desconocimiento” sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen nicaragüense y rechazó la afirmación de que los nicaragüenses representan el 25 % de la población de Costa Rica, señalando que la cifra real oscila entre un 7 % y un 10 %, considerando además a quienes ya obtuvieron la nacionalidad costarricense.
Solís recordó que la política exterior costarricense se ha caracterizado históricamente por colocar la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional por encima de intereses económicos o comerciales, y advirtió que abandonar esa línea representa un retroceso en la tradición diplomática del país.

El también expresidente Carlos Alvarado Quesada se sumó a las reacciones con un breve mensaje en sus redes sociales: “Para no olvidar, Nicaragua aún duele”, en referencia a la crisis política y humanitaria que atraviesa el país desde 2018.
Las críticas de los exgobernantes surgieron después de que Laura Fernández asegurara que Costa Rica mantiene una relación “cordial y armoniosa” con Nicaragua por ser países vecinos y destacó que, a diferencia de otros regímenes autoritarios de la región, los nicaragüenses mantienen condiciones económicas distintas a las de Cuba o Venezuela.
Las declaraciones han abierto un debate en Costa Rica sobre el rumbo de su política exterior hacia Nicaragua y el equilibrio entre las relaciones de vecindad, los intereses comerciales y la histórica defensa costarricense de los derechos humanos.
