El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, dijo a la agencia EFE que acepta su “calvario” y “responsabilidad” de tener que responder siempre a cuestiones políticas por haber sido político en su país natal, donde fue vicepresidente desde 1985 hasta 1990 tras unirse a la revolución sandinista, y del que ahora está exiliado en España, tras haber sido despojado de la nacionalidad por el dictador Daniel Ortega.
“Si Nicaragua tuviera un gobierno democrático libremente electo o un régimen de justicia de respeto a los derechos humanos”, cree que su relevancia política a lo mejor hubiera pasado ya “a tercer plano”, pero se mantiene precisamente porque la situación de Nicaragua “sigue insoluble” aseguró a EFE.
Ramírez dijo que no ve que a corto plazo pueda cambiar esa situación: “Tienen que abrirse caminos, no sé cuáles serán, pero por el momento no veo la posibilidad de un cambio”.
El escritor cree que América Latina está “en un momento crítico en el cual el que sufre es el estado de derecho”.
“En América Latina creció mucho el crimen organizado a través del narcotráfico y la solución populista es cortar de raíz el mal encarcelando a culpables. Y no importa que vayan los inocentes en las redadas, es como en la pesca, porque en El Salvador hay criminales presos, pero también hay muchos inocentes porque la suspensión de las garantías constitucionales conlleva que la injusticia toma cartas”, señala.
Para Ramírez, “eso está contra todas las reglas, igual que está contra todas las reglas que en Nicaragua se expulse a la gente sin una legalidad o se les encarcele”.
Adaptado ya a su vida en Madrid, donde reside desde que tuvo que exiliarse, Ramírez cree que la reciente concesión de la nacionalidad española a su compatriota y escritora Gioconda Belli, ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y a otros doce exiliados de este país centroamericano -él la posee desde 2021- es “un gran apoyo humanitario”.
