El fracaso del control del Dengue en Nicaragua

Dr. Leonel Arguello Yrigoyen, médico especialista en Epidemiología.

El Dengue inició su presencia como enfermedad en Nicaragua, en la mitad de la década de los años ochenta, en ese momento los médicos confundimos al Dengue con el Sarampión, pues no teníamos experiencia previa con esta enfermedad.

Descubrimos que era Dengue, cuando una enfermera me notificó haber visto casos con fiebre y que se reproducían puntos rojos en la piel, me llamó la atención y visité inmediatamente San Rafael del Sur, descubriendo que había presencia del mosquito Aedes aegypti. En epidemiología hasta los rumores tienen valor y se investigan, casi siempre la gente descubre la enfermedad antes que nosotros nos demos cuenta, por esto es tan importante la vigilancia de la salud y la enfermedad en la población.

Haciendo la relación entre el vector y los síntomas de la enfermedad, clínica y epidemiológicamente correspondía a Dengue, que ya previamente yo había estudiado, pues me interesaba las potenciales enfermedades que pudieran ocurrir en nuestro país, incluyendo las utilizadas en la guerra biológica o introducidas en un país, para afectar la agricultura, la salud animal o la salud humana.

Confirmamos con exámenes de laboratorio la enfermedad y se procedió a capacitar a los médicos en la atención a la población, para tomar las medidas de prevención, con la eliminación del mosquito y sus criaderos. Se creó también un ejército de trabajadores de salud, que luchaban contra esta enfermedad, tomado en cuenta la experiencia que existía para el abordaje de la Malaria e igualmente se capacitaron a brigadistas o voluntarios de salud y se introdujo el abate para eliminar las larvas del vector, actualmente se utiliza el BTI.

En los años 90 un primer error cometido fue descentralizar el programa y entonces cada área de salud en diferentes momentos y sin coordinación, fumigaban e implementaban el resto de las acciones preventivas, promoviendo que los mosquitos se fueran de un lugar a otro, rompiendo una máxima en fumigación, que indica que la misma debe ser concéntrica o sea de afuera hacia adentro, para evitar que el mosquito puede escaparse.

Otros de los errores hasta el día de hoy, es normalizar una enfermedad que es prevenible y continuar haciendo lo mismo a pesar de tener iguales resultados o sea no llevar la enfermedad a nivel de control.

También  existen fallas en no educar a la población, para que su participación fuera más efectiva, no darle importancia a los datos ni publicarlos y no incorporar lecciones aprendidas de más de 25 años, que son muy valiosas y han estado sustentadas por los resultados de investigaciones realizadas en nuestro país, como por ejemplo combatir el mosquito sin insecticidas, que son caros y poco eficaces y esencialmente no querer cambiar un programa de salud a uno más efectivo, por y para la población, que es la razón de ser de la salud pública.

Agregaría a lo anterior la corrupción, que se puede demostrar si se profundiza con las compras de emergencia de medicamentos e insecticidas, la ausencia de pruebas de sensibilidad o la resistencia al mismo por parte del Aedes, y desarrollando intervenciones fuera de tiempo, con lo cual no se logrará dominar la enfermedad.

Por supuesto que la responsabilidad principal en este sentido es del gobierno, pero no podemos obviar que también el ciudadano tiene que asumir su cuota de responsabilidad, despertarse, exigir, actuar y no dejar que sea normal algo que es absolutamente anormal. Todavía pagamos con muertes, una enfermedad que se controla desde tu casa y por vos mismo, pero si no se te empoderas y si las autoridades educativas y de salud, no se te brindan las herramientas necesarias para identificar al vector, sus criaderos y cómo eliminarlos, así como aislar con mosquitero al paciente, cada año seguiremos lamentando nuestra inacción y estaremos en el penoso primer y segundo lugar de América Latina en dependencia del año que analicemos.

Nadie deja entrar a un extraño a su casa, sin embargo, nosotros le damos la bienvenida al mosquito doméstico, que nos pica de día, succiona nuestra sangre y es transmisor del Dengue, Zika, Chicungunya, Fiebre amarilla, Mayaro y Usutu, así como lo lee estos mosquitos o zancudos pueden transmitir hasta 6 diferentes enfermedades virales, de las cuales la mitad ya están en Nicaragua y nos produce fiebre, dolores musculares y de articulaciones, reacciones en la piel, afecta a nuestros órganos y podemos quedar con problemas de salud crónicos, pero también puede ser grave y causarnos hemorragia y shock o pérdida de nuestra presión arterial y hasta puede ocasionarnos la muerte. Vos no lo dejes entrar, usa tu poder. Cuídate vos y a los tuyos.

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