El Pacto de la modernidad Oligárquica

*Por Antonio Guillén | Sociólogo

Siempre más de lo mismo

Los últimos acontecimientos ocurridos en el entramado de la coyuntura nicaragüense empiezan arrojar más claros que oscuros del panorama político, todos ellos relacionados con la simulación electorera que se realizará en el próximo mes de noviembre del presente año, entre los principales hechos podemos mencionar el lanzamiento de la precandidatura del académico Arturo Cruz Sequeira y las declaraciones ofrecidas por la Señora Cristiana Chamorro Barrios también precandidata.

Ambas personalidades y acompañándolos en su afán el General Humberto Ortega e igualmente la señora Kitty Monterrey, pareciera que nos tratan de asignar con un conjunto de palabras, imágenes y gestos, un ejercicio de semiología, que en realidad es un mensaje político, pretendiendo hacer creer que son los portadores de una nueva forma de hacer política, lo cual a nuestro criterio es algo totalmente alejado de la realidad y con este artículo trataremos de evidenciar sus características reales.

Zancudos elitistas

En sus primeras intervenciones el Señor Cruz sintiéndose el ungido de la oligarquía tradicional con arrogancia manifestó que al vehículo electoral de CxL solo se subirán los actores relevantes siendo reforzado por la señora Monterrey diciendo que solo iban establecer alianza con los decentes, seguramente por sentir que su partido es el operador político de esa misma oligarquía; esta conducta política nos permite descubrir la nueva variedad de zancudos elites, “científicos” elegantes y decentes.

Esas características o el gen zancudo de CxL lo demostró con su participación en las elecciones regionales del caribe nicaragüense en el 2018 obviando la lucha del pueblo por su libertad, abonada con la sangre de más de trecientos compatriotas, les valió un comino.

Si esta es la decencia política que habla Doña Kitty, Dios nos guarde, y vale recordar que en la insurrección cívica del 2018 ningún partido participó de manera orgánica, fue la población auto convocada; sin embargo, para tranquilidad de la señora Monterrey y don Arturo les mantenemos su elitismo y demás porque sabemos cuál es el hilo que conduce sus pasos.

Por su parte, la licenciada Chamorro a pesar de ese currículo expresó que la casilla de CxL es importante, que es un gran paso el proceso de inscripciones que está abierto a “todos los nicaragüenses” pero aclara que ella aún necesita comprender de manera integral el proceso, pero los que estamos claros somos los nicaragüenses que desde ya vemos la fórmula de la oligarquía tradicional, lo que definirán con sus métodos “democráticos” es quién la encabezará.

Paz y Justicia versus Impunidad

Uno de los elementos centrales que ha demandado el pueblo de Nicaragua en estos tres años de lucha, ha sido exigir que se aplique la justicia y que no se imponga sobre ella la impunidad, sin embargo la conducta política del académico, la señora Cristiana, CxL en boca de su presidenta y apoyados por el General Ortega han desarrollado, utilizando todo un artilugio de palabras, una campaña mediática a favor del olvido supuestamente para evitar el caos, o que debemos aprender a vivir con las personas que comulgan políticamente con el orteguismo.

Ambos argumentos son falaces, porque la falta de justicia es precisamente la que lleva al caos y a nadie se va a condenar por sus ideas políticas, simplemente tendrán que enfrentar en su momento la justicia quienes han cometido crímenes contra la población nicaragüense, pero estos personajes no han dejado de repetir en sus declaraciones o escritos la necesidad de cohabitar, coexistir, convivir y últimamente salida digna.

También no faltó que otro de sus ideólogos manifestó recientemente que debía alcanzarse la paz a costa de la justicia, y hace unos días un destacado periodista internacional les recomendó pactar la paz, aunque sea con la nariz tapada. Estos agoreros de la impunidad están en contradicción irreconciliable con su Santidad el Papa Francisco quién en su reciente visita a los Emiratos Árabes Unidos dijo: “La paz y la justicia son inseparables. La paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal.”

Realmente, un orden social basado en la injusticia que aplasta al pueblo solo puede ofrecer la paz de los sepulcros, no obstante, es interesante observar que la mayoría de estas personas y quizás todas, se declaran cristianos católicos militantes, pero no aman a su prójimo que en el contexto político es el pueblo, lo que nos hace creer que cuando invocan a Dios es solamente con sus labios, porque en su corazón son indiferentes a la suerte del pueblo. Por nuestra parte estamos seguros que la inmensa mayoría de los nicaragüenses nos quedamos con el pensamiento y práctica de su Santidad Papa Francisco.

Consenso y candidaturas

El fenómeno político que se está produciendo en nuestro país previo a noviembre de este año, es la contienda de la oligarquía tradicional agrupada fundamentalmente alrededor del COSEP y también en AMCHAM, con la neo-oligarquía conformada por el grupo capitalista encabezado por Daniel Ortega.

Ambos grupos dominantes tratan de construir el consenso alrededor de sus intereses económicos y políticos, donde solo entre ellos tienen el derecho a la negociación, a la presión, al diálogo entre pares, conversaciones donde toman decisiones en nombre del país a espaldas de la población y en general de la sociedad. Ellos son los actores y el pueblo es simplemente un espectador jugando un rol de subordinación, se le concibe como los campesinos y la masa urbanizada, cuyo papel específico es el de acudir a depositar su voto, o sea como público escoger el actor preferido, la ficción de democracia, el pueblo reducido a simple votante para que cada cinco años escoja al que va ponerles las cadenas y grilletes.

En síntesis, el consenso para tratar de determinar las reglas del juego electorero se va producir esencialmente entre dos actores, el caudillo-dictador y los empresarios que han conformado su organización denominada Alianza Ciudadana. En este contexto se ha originado el surgimiento de los precandidatos vinculados o al servicio del gran capital, inicialmente lo hizo la Señora Cristiana Chamorro bajo el manto de figura independiente y con todo el apoyo político y logística del diario La Prensa, posteriormente fue la del señor Cruz utilizando toda una estrategia de “marketing” ya que la convocatoria era para la presentación de su último libro, ese fue el gancho, y como dirían las notas sociales de antaño gozó de una amplia, exquisita y distinguida concurrencia, sobresaliendo empresarios de todos los gremios y asociaciones, jóvenes de AUN con los que hubo una foto, y obviamente no podía faltar la expresión política representada por CxL toda una parafernalia al mejor estilo de este histriónico personaje.

Importante mencionar que la idea de presentar al académico como precandidato en una actividad cultural, era sugerir implícitamente el concepto del gran capital tradicional, de que ellos poseen el saber, la técnica, los recursos financieros, patrimonio acumulado, son empresarios modernos, y por lo tanto tienen la clave para dirigir con éxito los destinos de la nación.

No generó el entusiasmo esperado y eso hace que los gamonales vuelvan los ojos hacia doña Cristiana que además de su formación académica tiene otros aspectos que le dan ventaja, su linaje, el abolengo familiar y el peso importante de la figura de su madre en el imaginario popular, y no es casualidad el esfuerzo que realiza en sus apariciones o intervenciones públicas de venderse como el alter ego de Doña Violeta, por estos elementos me atrevo señalar que la posible fórmula de la vieja oligarquía sea Cristiana-Cruz, me parece que el Señor Juan Sebastián Chamorro ha sido colocado al margen. Ahora por parte del partido de gobierno sin mayor esfuerzo y análisis sabemos que el candidato eterno, el único, el insustituible es el señor Daniel Ortega.

Crisis de Hegemonía y elecciones

El surgimiento político y presencia activa de los sectores populares en el contexto de Abril sacó a relucir la crisis de hegemonía de los grupos dominantes, el establecimiento del diálogo fue utilizado para desmovilizar y excluir al movimiento popular de su participación política con autonomía, a fin de hacerle perder su identidad, por considerarlo como una amenaza al orden social vigente, recordemos que la desmovilización es un factor ideológico alienante.

En la dinámica de esta coyuntura los objetivos iniciales de la lucha tales como la renuncia de Ortega, justicia para los asesinados, libertad de los presos políticos, retorno seguro para los exiliados, cese de la represión fueron siendo desplazados por el objetivo estratégico único, no solo del gran sector empresarial sino también de la otra plataforma política denominada Coalición Nacional, que el régimen realice reformas electorales cosméticas para permitir que las elecciones sean aceptada tanto a nivel nacional como internacional.

Para forzar a Ortega hacer estos cambios el apoyo fundamental de estas cúpulas (Alianza y Coalición) ha sido la comunidad internacional con el liderazgo de los Estados Unidos, mientras el pueblo simplemente espera para ir a votar al ritmo de las emociones que generan las campañas electoreras y por lo tanto mantenerlo dentro de los límites definidos por el statu quo.

¿Negociará Ortega?

En resumidas cuentas Ortega, con su característica de negociar al borde del abismo, es posible que negocie y se vea obligado a ceder, pero será a cambio de concesiones que le garanticen su integridad personal, de su familia y su círculo cercano, la garantía de su capital y de lo que definimos como la nueva oligarquía que él encabeza, la actual plutocracia gobernante, obviamente también cuotas de poder donde las fuerzas armadas, en las negociaciones posibles o que quizás ya se estén realizando tras bambalinas, son de interés preponderante.

No hay duda que el estado dictatorial en las presentes condiciones y el aislamiento internacional, busca la legitimidad, para ello dentro de su estrategia tiene como objetivo identificar la fuerza económica social y política que permita llegar a acuerdos de manera que se mantengan firme sin alteraciones importantes las actuales relaciones de poder, no es difícil descubrir que esta fuerza la constituye la oligarquía tradicional y apoyándose en ella alcanzar la anhelada legitimidad internacional, sin embargo ello no significa que se excluyan fricciones entre ambas fracciones, pero si debemos estar seguros que de manera abierta o encubierta cerrarán filas ante una crisis que ponga en riesgo el orden establecido.

Igualmente se debe enfatizar que este grupo de poder fue el muro de contención que protegió al régimen ante las amenazas de sanciones durante los once años que mantuvieron su alianza de diálogo y consenso; También hay que mantener siempre en mente que esta clase social tradicional ha gozado históricamente del reconocimiento y confianza de los Estados Unidos.

Lo anterior significa que una vez alcanzado el consenso que ya antes mencionamos, o sea las nuevas relaciones de convivencia que también implican las reformas electorales aceptadas por los participantes en el proceso electoral, Ortega seguirá impulsando la abstención, para con su voto cautivo poder mantenerse en el gobierno, ya que es esta estructura como órgano de dirección y administración la que estaría en juego y no el poder real.

Por su parte, el grupo del gran capital con su operador político (CxL) presionarán a la otra plataforma para integrarse de manera subordinada en unidad a la alianza empresarial para disputar al régimen el gobierno y enfrentar al régimen. En esta tarea seguramente contarán con el apoyo de los vientos alisios del hemisferio norte que cada día soplan con más intensidad. Prácticamente la Coalición Nacional verá frustrada sus aspiraciones como “élite de reemplazo”, no tendrán participación como fuerza preponderante, sino un rol secundario con algunas concesiones. De ahí su desesperación de listas pre elaboradas de candidatos a diputados por parte del sector hegemónico de la Coalición, la UNAB.

¿Un nuevo pacto?

Es mi opinión que en Nicaragua está surgiendo un nuevo pacto bajo la perspectiva de un sistema político cuya legitimidad descansará en un nuevo equilibrio del poder político-económico, entre los grandes grupos de capital del país, la oligarquía tradicional y la nueva oligarquía con su pacto de la modernidad oligárquica, similar al pacto bipartidista (libero-conservador) después de la guerra nacional; para eliminar la anarquía y alcanzar la gobernabilidad para ambas élites en el siglo XIX, los liberales reteniendo cuotas de poder cedieron el gobierno a los conservadores para recuperar la legitimidad perdida por haber traído a Walker.

Ahora en este nuevo pacto cuyo objetivo es celebrar elecciones para la defensa del statu quo y restablecer de manera inobjetable la hegemonía oligárquica, los cambios que propondrán serán siempre dentro de la lógica de la continuidad del modelo concentrador y excluyente, el pueblo formado también por las etnias indígenas, creoles, como siempre invisibilizado, pendiente únicamente de las prácticas retributivas, populistas o clientelares, en otras palabras el bienestar que genera la sociedad será como ha sido secularmente para una minoría.

Breve conclusión

Independientemente del proceso electorero, el pueblo debe continuar con sus esfuerzos de organización, encontrar el cauce de la movilización popular, fortalecer sus propios liderazgos, estructurar un plan de lucha con carácter de permanencia, poner al descubierto a quienes hoy están utilizando como parte de su plan electorero lo que era parte de la lucha de la población, para señalar un ejemplo la liberación de los presos político, y en general el incumplimiento de los acuerdos de Marzo 27 y 29 del 2019, todo puesto a un lado para evitar la movilización popular y hacer depender su lucha del resultado de las elecciones, obviando el dolor de madres, familiares, exiliados, es por ello que los sectores populares deben desarrollar sus propias capacidades con autonomía y vocación de poder.

La apertura para las movilizaciones a que se verá obligado el régimen durante la campaña electorera debe ser aprovechado por las organizaciones del pueblo, conscientes de que la población ha evolucionado en un proceso de empoderamiento de las mayorías, tener claro que la democratización política no se alcanzará con los resultados de las elecciones, que después de éstas se va a mantener la vieja estructura electoral que reproduce los viejos procedimientos clientelistas que mantiene caudillos o permite el surgimiento de personalidades iluminadas o ungidas; tampoco podemos descartar que ante cualquier imponderable Ortega decida mantenerse contra viento y marea, apoyándose con los partidos zancudos oficialistas.

Podemos terminar por lo tanto reafirmando la urgente e impostergable tarea de la organización y movilización, porque para que haya democracia política, los sectores populares deben estar claros que la justicia, la paz, el respeto irrestricto a los derechos políticos, civiles y en general los derechos humanos deben ser parte integral de la misma, además debe estar fundamentada en la creciente participación popular en el poder y en los frutos del desarrollo económico, compatibilizar el desarrollo democrático y el desarrollo económico, esto significa que la democracia será posible cuando sea capaz de generar estructuras económicas que funcionen en favor de los intereses de las mayorías, para ello es urgente redefinir nuestro estilo de desarrollo, tarea que nunca van a emprender los grupos oligárquicos, esto se logrará únicamente mediante la creciente participación del pueblo de Nicaragua en la lucha política, social y económica, con su movilización autónoma y sus propias organizaciones, como actor y fuerza principal de la transformación de la sociedad nicaragüense.

Abril 2021

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *