La lucha por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se intensifica con las candidaturas de dos diplomáticos: Albert Ramdin, ministro de Exteriores de Surinam, y Rubén Ramírez Lezcano, canciller de Paraguay.
Durante sus presentaciones el lunes ante el Consejo Permanente de la OEA, ambos ofrecieron visiones opuestas sobre cómo abordar las crisis políticas en América Latina, especialmente en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua, temas que continúan dividiendo a la región.
Ramdin, respaldado por los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), defendió su postura de buscar el diálogo para resolver los desafíos regionales. Aseguró que, de ser elegido, trabajaría para que la OEA recupere su relevancia y establezca un enfoque inclusivo que permita que todos los Estados miembros tengan la misma oportunidad de influir en las decisiones del organismo.
Sobre Venezuela, Ramdin reiteró su creencia de que la única forma de resolver la crisis política y humanitaria en ese país es a través del diálogo directo con el régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, fue evasivo en cuanto a la situación en Nicaragua, limitándose a expresar que “cumpliría con las normas del organismo”.
Por otro lado, el canciller paraguayo, Rubén Ramírez Lezcano, puso el énfasis en la defensa de la democracia y los derechos humanos, dos pilares fundamentales que considera esenciales para la OEA.
Ramírez Lezcano, cuyo gobierno no reconoce a Maduro y mantiene una postura firme contra los regímenes autoritarios en Venezuela y Nicaragua, propuso crear un grupo de alto nivel dentro de la OEA para abordar la crisis en esos países.
A diferencia de Ramdin, el diplomático paraguayo opinó que la OEA debe “trabajar intensamente” para que Venezuela, Cuba y Nicaragua “vuelvan al sistema democrático y tengan gobiernos respetados y respetables”.
El debate sobre la postura hacia China también marcó una de las diferencias clave entre ambos candidatos. Ramdin defendió el derecho de todos los países a ser escuchados dentro de la OEA, sin hacer distinciones, y negó que su candidatura tuviera el respaldo explícito de Beijing.
En cambio, Ramírez Lezcano, alineado con la postura de Estados Unidos, insistió en que la OEA debe tener cautela con el apoyo de naciones externas, especialmente China, y advirtió que no se debe permitir que ninguna influencia externa desvíe los objetivos fundamentales de la organización.
Paraguay, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán y no con Pekín, ha sido un firme crítico de la creciente presencia de China en América Latina.
En cuanto a la crisis migratoria regional, Ramdin propuso fortalecer el desarrollo económico de los países emisores de migrantes para que sus habitantes no se vean forzados a abandonar sus hogares.
Ramírez Lezcano coincidió en que se debe abordar la “ilegalidad” del fenómeno, pero también los factores estructurales que impulsan la migración, como la pobreza y la falta de oportunidades.
Ambos diplomáticos coincidieron en la importancia de enfrentar la crisis climática y de apoyar a Haití en su lucha contra la violencia y la inestabilidad política, temas que también figuran en la agenda de la OEA.
Este proceso electoral, que culminará el próximo 10 de marzo, definirá al sucesor de Luis Almagro, quien ha ocupado la Secretaría General desde 2015 y fue reelegido en 2020.
Almagro, respaldado por Estados Unidos, ha sido un crítico férreo de los regímenes de Venezuela y Nicaragua, pero su mandato también ha estado marcado por la polarización en la región, especialmente tras su postura sobre la crisis política en Bolivia en 2019 y otros desacuerdos con gobiernos de izquierda.
Con Nicaragua fuera de la OEA desde 2023 y Venezuela sin participar activamente en el organismo, la elección de un nuevo líder para la organización será clave para definir su futuro en América Latina, especialmente en lo que respecta a su papel en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la influencia de actores externos como China.
