El Ejército de Nicaragua ocupa un papel central en la red de vigilancia, espionaje y hostigamiento contra opositores nicaragüenses dentro y fuera del país, según el nuevo informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, presentado este martes ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
El documento señala que en el núcleo de esa estructura se encuentra la Dirección de Información para la Defensa, la agencia de inteligencia militar, que coordina operaciones con la Policía, el servicio exterior y agentes no estatales vinculados al Frente Sandinista.
“La vigilancia transnacional, en particular, se organiza a través de una arquitectura de inteligencia de múltiples capas en la que participan el ejército, la policía, el servicio exterior y agentes no estatales. En su núcleo se encuentra una red coordinada por la Dirección de Información para la Defensa del ejército, la agencia de inteligencia militar”, reza el informe.
Vigilancia dentro y fuera del país
De acuerdo con el informe, esta red —descrita como amplia, metódica y con fuerte soporte digital— monitorea las actividades de la población, perfila opositores y decide quién debe ser detenido, impedido de regresar al país, despojado de su nacionalidad o incluso hostigado en el exilio.
La vigilancia trasciende fronteras
El Grupo de Expertos documentó operaciones en Costa Rica, Honduras, Bélgica, Guatemala, España y Estados Unidos, en las que exiliados nicaragüenses fueron seguidos, fotografiados, abordados o amenazados por informantes reclutados localmente, en coordinación con estructuras dirigidas desde Managua.
Inteligencia militar y espionaje digital
La Dirección de Información para la Defensa y la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia Militar, junto con unidades especializadas de la Policía, rastrean publicaciones en redes sociales, interceptan comunicaciones y utilizan programas espía para acceder a dispositivos electrónicos de periodistas, defensores de derechos humanos, excombatientes sandinistas y opositores.
El informe señala que incluso conversaciones privadas han sido utilizadas posteriormente en campañas de difamación, “doxing” y amenazas de muerte, ejecutadas por “granjas de troles” vinculadas a la Juventud Sandinista y organismos estatales como TELCOR.
Clima de miedo en el exilio
Las víctimas reportaron caídas de llamadas, activación de micrófonos en sus dispositivos y llamadas anónimas en las que se repetían conversaciones privadas, lo que indica un rastreo en tiempo real.
Estas prácticas han generado un clima de miedo que ha llevado a muchos nicaragüenses en el exilio a limitar sus comunicaciones, cambiar con frecuencia de residencia o incluso abandonar las redes sociales.
Según el Grupo de Expertos, este sistema ha logrado instaurar una atmósfera de temor y autocensura que trasciende las fronteras nacionales, consolidando el rol del Ejército de Nicaragua como pieza clave en la represión transnacional del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
.
