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Ortega cumple 80 años entre la impunidad, el poder absoluto y el repudio internacional

El dictador Daniel Ortega arribó este martes a sus 80 años convertido en la persona con más tiempo en el poder en la historia de Nicaragua —y el que más divisiones ha sembrado—, tras tres décadas de autoritarismo, represión y alianzas con regímenes cuestionados como Rusia.

El antiguo guerrillero marxista, nacido el 11 de noviembre de 1945 en La Libertad, Chontales, celebra su cumpleaños en la cúspide del control político y familiar, pero también en el descrédito de una nación devastada por la persecución, el exilio y la censura.

Ortega ha gobernado 30 de los últimos 47 años —17 de ellos “desde abajo”— y desde 2007 mantiene un régimen que organismos internacionales califican de dictadura y lo señalan por crímenes de lesa humanidad.

Superó hace tiempo a Anastasio Somoza García, el dictador al que combatió en los años setenta, acumulando más de 29 años en el poder, si se suman sus etapas como coordinador de la Junta de Gobierno (1979-1985) y su primer mandato (1985-1990). Su permanencia supera también la de cualquier otro gobernante latinoamericano en funciones continuas.

Desde su retorno al poder, Ortega ha anulado la división de poderes, reformado la Constitución a su medida y convertido al Frente Sandinista en un instrumento personal y familiar.

A su lado, Rosario Murillo, hoy autodenominada “copresidenta”, ejerce un poder simbiótico y absoluto, mientras el país vive bajo estado policial.

En abril de 2018, el régimen recurrió a la fuerza para sofocar las protestas cívicas que dejaron cientos de muertos, miles de heridos y decenas de miles de exiliados. Desde entonces, Ortega y Murillo consolidaron un sistema de terror: encarcelaron a opositores, confiscaron medios de comunicación, ilegalizaron ONG, rompieron relaciones diplomáticas con países como el Vaticano, Brasil e Israel, y cerraron toda forma de disidencia.

El dictador también carga con sombras personales. En 1998, su hijastra Zoilamérica Narváez lo acusó públicamente de abuso sexual continuado desde su adolescencia. Ortega nunca enfrentó un juicio, amparado en su inmunidad política y en el archivo del caso por “prescripción”, dictado por la jueza Juana Méndez, hoy magistrada de la Corte Suprema.

A pesar de su historial de represión y corrupción —fue señalado como principal beneficiario de la “piñata sandinista” de 1990—, Ortega continúa siendo exaltado por su círculo de poder.

Todos somos Daniel”, proclamó este lunes Rosario Murillo, al agradecer los homenajes de la Juventud Sandinista y presentar su imagen como una “vida dedicada al pueblo nicaragüense”.

El presidente ruso Vladimir Putin, uno de sus principales aliados internacionales, también envió un mensaje de felicitación, destacando la “sabiduría estatal” de Ortega y su papel en la construcción de un “orden mundial multipolar justo y democrático”.

Pero fuera de su burbuja de culto y propaganda, el dictador nicaragüense enfrenta el rechazo de amplios sectores de la población y la condena de la comunidad internacional.