La nicaragüense Katherine Ramírez, de la Fundación Sin Límites, y el periodista salvadoreño Mario Beltrán, de Revista Gato Encerrado, advirtieron sobre la erosión democrática en Centroamérica durante una entrevista con La Mesa Redonda, donde analizaron la popularidad del presidente de El Salvador Nayib Bukele, el auge del discurso de “mano dura” y las amenazas a la libertad de prensa y los derechos humanos en la región.
Ramírez señaló que uno de los principales desafíos es romper las “burbujas” en las que opera la sociedad civil y fortalecer la educación cívica para contrarrestar la polarización.
A su juicio, liderazgos como el de Bukele —y otros en la región— han profundizado divisiones sociales porque la confrontación genera réditos electorales más inmediatos que la construcción de consensos de largo plazo.
Beltrán coincidió en que el llamado “modelo Bukele” resulta seductor para sociedades cansadas de la inseguridad. Recordó que El Salvador llegó a registrar un promedio de 22 homicidios diarios hace una década, lo que facilitó que la población aceptara entregar amplios poderes al Ejecutivo a cambio de resultados en seguridad.
Sin embargo, advirtió que se trata de un modelo “autoritario popular”, con altos niveles de aprobación —cercanos al 92 % según encuestas— pero con debilitamiento institucional.
Ambos entrevistados alertaron que el éxito en la reducción visible de la violencia ha venido acompañado de concentración de poder, restricciones a la información pública, periodistas en el exilio, defensores de derechos humanos perseguidos y un régimen de excepción prolongado.
Según Beltrán, existe una potente maquinaria de propaganda que proyecta hacia el exterior una imagen de eficacia centrada en la seguridad, mientras se ocultan problemas como el temor ciudadano a opinar, el encarecimiento del costo de vida y denuncias de violaciones a derechos humanos.
Ramírez subrayó diferencias entre los modelos de Nicaragua y El Salvador, pero también similitudes, como el control institucional y el rechazo a organismos multilaterales.
Destacó que Bukele ha sido más sofisticado en el manejo de narrativas digitales, apoyado en influencers y plataformas que amplifican su mensaje sin identificarse abiertamente como propaganda oficial.
Para ambos analistas, el riesgo radica en que el discurso de “mano dura” se replique en otros países, incluido Costa Rica, donde parte de la población ve con simpatía medidas similares ante el aumento de la criminalidad.
No obstante, Beltrán advirtió que la historia demuestra que sacrificar democracia y contrapesos institucionales por seguridad puede terminar dejando a los países sin ambas.
El debate concluyó con un llamado a fortalecer la educación cívica, reconstruir la confianza en las instituciones y evitar que la falsa dicotomía entre seguridad y democracia erosione aún más el sistema democrático en Centroamérica.
