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Exdiplomático de EE.UU.: Nicaragua es una “dictadura personalista”

El exjefe de misión de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin O’Reilly, lanzó una de las radiografías más contundentes sobre el funcionamiento interno del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, al describirlo como una “dictadura altamente personalista” donde todas las decisiones pasan por el círculo familiar en El Carmen.

Durante el foro “La crisis democrática de Nicaragua: consolidación del régimen autoritario y el futuro de la política de Estados Unidos”, organizado por Diálogo Interamericano en Washington, O’Reilly aseguró que el poder en Nicaragua está tan concentrado que ni ministros ni funcionarios toman decisiones sin consultar directamente a la familia Ortega-Murillo.

Se ha convertido realmente en una dictadura muy personalista, hasta un grado que creo que es difícil de internalizar para mucha gente. No puedo pensar en las veces que un ministro o viceministro con quien interactuamos dijo ‘sí, no, o lo vamos a hacer de esta manera’. Lo que dijeron esque me dejen consultar con El Carmen’, que es la residencia donde vive la familia Ortega”, según relató, la respuesta recurrente dentro del aparato estatal, evidenciando que no existe institucionalidad real, sino un control absoluto desde la cúpula del poder.

El diplomático fue más allá y calificó el proyecto político del sandinismo como una “revolución fallida” que terminó convertida en una “oligarquía muy exitosa”, marcada por la represión, el control social y la eliminación de cualquier disidencia.

Cierre de espacios, represión y control total

O’Reilly detalló que el régimen ha destruido sistemáticamente los espacios de libertad en el país. Denunció el cierre de más de mil centros educativos en los últimos años, afectando a cientos de miles de estudiantes, así como la intervención o confiscación de al menos 30 universidades.

También describió un clima de miedo generalizado, donde la autocensura es la norma y cualquier crítica, incluso en espacios privados, puede derivar en represalias.

Es un estado muy paranoico”, afirmó, al relatar casos de funcionarios borrados completamente del sistema tras caer en desgracia, o ciudadanos perseguidos por mensajes en chats privados.

El exdiplomático subrayó que el régimen no solo reprime dentro del Estado, sino que extiende su control a la sociedad, incluyendo iglesias, medios y sector privado, utilizando una combinación de intimidación, cooptación y castigo.

Además, advirtió que, aunque el país mantiene cierta estabilidad económica, esta está subordinada al control político: el régimen prioriza la obediencia sobre el crecimiento.

“Un negocio familiar”: la lectura desde Washington

En el mismo foro, Eddy Acevedo, vicepresidente de política de la National Endowment for Democracy, coincidió en que Nicaragua se ha transformado en un sistema autoritario profundamente estructurado alrededor de la familia Ortega-Murillo.

Acevedo comparó el modelo con Corea del Norte, describiéndolo como un “negocio familiar” donde el poder, los recursos y las decisiones están concentrados en un núcleo reducido.

Según su análisis, el deterioro institucional no fue repentino, sino el resultado de años de permisividad internacional y manipulación del sistema electoral.

Señaló directamente a la Organización de los Estados Americanos por haber validado durante años procesos electorales irregulares, lo que permitió al régimen consolidar su control sin mayores consecuencias.

Fue grotesco cómo se encubrió lo que estaba pasando”, afirmó, al recordar que no fue sino hasta 2016 que se empezó a reconocer el carácter fraudulento de las elecciones en Nicaragua.

Corrupción, represión religiosa y control social

Acevedo también enfatizó el papel de la corrupción como pilar del sistema, señalando que el régimen ha utilizado el poder no solo para enriquecerse, sino para someter a la población.

Destacó la persecución contra líderes religiosos, expulsión de monjas, agresiones a sacerdotes y el cierre de espacios de fe, como parte de una estrategia más amplia de control social.

El régimen no quiere educación, no quiere pensamiento independiente, no quiere que la gente escuche a sus líderes religiosos”, advirtió.

Además, señaló la complicidad de sectores empresariales que, a cambio de estabilidad y beneficios económicos, han optado por no confrontar al poder.

Un modelo basado en el miedo

Ambos analistas coincidieron en que el régimen Ortega-Murillo se sostiene sobre una combinación de represión, miedo y control absoluto de las instituciones.

Desde la eliminación de la oposición hasta la vigilancia constante de la ciudadanía, el sistema ha logrado cerrar casi por completo el espacio cívico en Nicaragua.

La conclusión del foro fue clara: Nicaragua no solo enfrenta una crisis democrática, sino un modelo autoritario profundamente arraigado, difícil de desmontar sin presión internacional sostenida y coordinación entre actores democráticos.