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Crisis del gusano barrenador golpea a Nicaragua

Más de 1,200 millones de córdobas invertidos sin frenar la plaga

El avance del gusano barrenador en Nicaragua ya se convirtió en una emergencia sanitaria y económica que amenaza al sector ganadero del país, mientras el régimen Ortega-Murillo ha destinado más de 1,200 millones de córdobas en apenas dos años para intentar contener una plaga que sigue expandiéndose sin control.

La situación afecta tanto a animales como a personas y mantiene en alerta a productores rurales, quienes denuncian respuestas tardías, falta de seguimiento técnico y poca claridad sobre la efectividad de las medidas oficiales.

Casos humanos aumentan en todo el país

De acuerdo con datos del Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA), en marzo de este año se registraron 323 casos humanos de gusano barrenador, lo que representa un aumento de 52 infecciones respecto al mes anterior.

Managua encabeza la lista de contagios con 134 casos, seguida de Masaya con 37, Chinandega con 36, la Costa Caribe Norte con 15 y Jinotega con 11.

El incremento de infecciones humanas refleja el deterioro del control sanitario en las zonas rurales y la rápida expansión de la plaga.

Miles de animales infectados

El impacto sobre la producción pecuaria también es severo. Solo en marzo fueron reportados 29,241 animales infectados, principalmente ganado bovino.

Sin embargo, la plaga también afecta cerdos, caballos, ovejas, cabras, perros, aves y fauna silvestre.

Ganaderos advierten que las pérdidas económicas ya son significativas debido a la reducción del peso de los animales, los costos veterinarios y el riesgo de restricciones comerciales internacionales.

Productores denuncian abandono

Aunque el IPSA asegura haber intervenido más de 157 mil fincas y miles de viviendas, productores rurales afirman que el acompañamiento institucional es insuficiente.

A veces llegan técnicos, pero tardan mucho en regresar”, expresó un productor afectado citado por medios independientes.

Otro ganadero señaló que existe incertidumbre incluso sobre las estrategias aplicadas por el régimen.

Nos dicen que están soltando moscas estériles para controlar la plaga, pero nadie sabe realmente si está funcionando”, afirmó.

Estrategia oficial bajo cuestionamientos

La principal medida impulsada por las autoridades consiste en liberar moscas estériles para interrumpir el ciclo reproductivo del gusano barrenador, además de fumigaciones y aplicación de químicos.

No obstante, pese al aumento del presupuesto y las campañas oficiales, los casos continúan creciendo.

El presupuesto del IPSA pasó de 558 millones de córdobas en 2023 a más de 622 millones proyectados para 2026.

Pese a ello, productores y especialistas cuestionan la transparencia y efectividad del uso de esos recursos públicos.

Riesgo económico y sanitario

La expansión del gusano barrenador también amenaza las exportaciones ganaderas de Nicaragua, debido al riesgo de sanciones sanitarias y mayores controles internacionales.

La crisis ocurre además en un contexto de debilitamiento institucional y opacidad informativa, donde organismos independientes han advertido sobre la falta de datos claros y respuestas efectivas frente a emergencias sanitarias.

Para miles de familias campesinas, la plaga ya representa no solo una amenaza para la salud y el ganado, sino también un golpe directo a su subsistencia y a una economía rural cada vez más vulnerable bajo la dictadura Ortega-Murillo.