El presidente de El Salvador, Nayib Bukele se abstuvo de condenar al régimen de Daniel Ortega en la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) bajo el argumento de “no intervenir ni tener injerencia en los asuntos internos de otro Estado”.
En una resolución aprobada el viernes pasado, la OEA condenó de nuevo las violaciones de los derechos humanos por parte del régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, durante la celebración en Washington de su 53 Asamblea General.
Sin embargo, el texto tiene un pie de página que dice: “La República de El Salvador reafirma su posición de principios en materia de Derecho internacional, en el sentido de no intervenir ni tener injerencia en los asuntos internos de otro Estado”.
Para el exembajador nicaragüense ante la OEA, Arturo McFields, la posición de Bukele es “infame”.
Por unanimidad, la OEA condenó por enésima vez las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua y exigió la liberación de los presos políticos, pero Brasil logró arrancar el compromiso para que los Estados miembros hagan sus “mayores esfuerzos” por mantener un diálogo de “alto nivel” con Nicaragua.
Antes de ser presidente de El Salvador, Nayib Bukele parecía tener muy clara su postura ante Daniel Ortega: lo consideraba un dictador.
En enero de 2019, cuando Bukele era candidato a la presidencia salvadoreña afirmó que “dictadores como Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Juan Orlando en Honduras jamás tendrán ninguna legitimidad, porque se mantienen en el poder a la fuerza y no respetan la voluntad de sus pueblos”.
