El obispo nicaragüense Silvio Báez recordó el miércoles la agresión física que sufrió un grupo de religiosos hace siete años en una basílica en la ciudad de Diriamba, por parte de “turbas y paramilitares” sandinistas en el marco de la crisis sociopolítica que vive Nicaragua.
“Hoy hace siete años, el 9 de julio de 2018, al día siguiente de la masacre de Carazo (provincia), habiendo llegado para liberar a las personas que se refugiaban en la Basílica San Sebastián, obispos y sacerdotes fuimos agredidos por turbas y paramilitares del régimen”, dijo Báez, obispo auxiliar de Managua y exiliado en Estados Unidos, a través de la red social X.
El obispo, a quien el fallecido papa Francisco ordenó dejar Nicaragua en 2019 por razones de seguridad, fue uno de los religiosos agredidos ese día, junto al cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes y el exnuncio apostólico en Managua Stanislaw Waldemar Sommertag, entre otros.
La agresión física contra los religiosos fue ejecutada por un grupo parapolicial afín al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, entre ellos algunos que cubrieron sus rostros con capuchas, así como por simpatizantes sandinistas.

Tras esos sucesos, la Conferencia Episcopal de Nicaragua, que servía como mediadora y testigo de un diálogo nacional, suspendió las mesas de trabajo creadas con las que se pretendía superar la crisis en el país.
El lunes 9 de julio de 2018, un grupo de parapolicías irrumpió violentamente en la basílica de San Sebastián, donde agredieron a varios obispos y periodistas, entre ellos el exnuncio apostólico, el cardenal Brenes y el obispo Báez.

La agresión ocurrió cuando los obispos viajaron a Diriamba, situada 42 kilómetros al sur de Managua, para liberar a un grupo de enfermeros y misioneros franciscanos sitiados por los parapolicías en el templo.
