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“El cambio viene” | 2026: el año de la unidad — abrir el país desde la oposición, no desde la rendición

Por Douglas R. Lee

En los últimos días de 2025, desde el corazón del exilio y con la serenidad que solo da la fe vivida con coherencia, Padre Benito Enrique Martínez Gamboa dirigió a Nicaragua un mensaje que no fue consigna ni promesa fácil, sino convocatoria moral. Un llamado para quienes resisten y esperan; para quienes han sido perseguidos, encarcelados o empujados a la migración; y también para quienes, aun dentro del país, saben que la dignidad no se negocia.

El Padre Benito nos invitó a recibir 2026 con gratitud y fe, recordándonos una verdad elemental que antecede a cualquier ley o régimen: nadie tiene autoridad para quitarle a ningún nicaragüense el derecho a vivir en su propia tierra. No es un alegato jurídico; es un principio humano, espiritual y patriótico. Una línea moral que no se cruza.

2026: un año significativo

En su mensaje, el sacerdote situó a Nicaragua dentro de un repunte democrático en América Latina. No como excepción, sino como parte de un movimiento más amplio por la libertad en el continente. “Nicaragua tiene que abrirse”, insistió, a la democracia y a la libertad, para todos, sin distinciones.

Pero esa apertura —y aquí está el núcleo del llamado— no es solo institucional. Es cívica y ética. Implica reconocernos como comunidad plural, asumir que hablar y sentarnos a trabajar juntos —con todos y todas— es condición para reconstruir el país. No para rendirse. No para claudicar. Para reconstruir.

Unidad bajo la bandera

El énfasis más firme del Padre Benito fue la unidad nacional. Una unidad que no borra diferencias, pero que sabe ponerlas a un lado cuando el objetivo es superior: la victoria de la dignidad y la libertad. Convocó a liderazgos sociales y políticos a crear conciencia patriótica, a trabajar en conjunto, a comprender que la unidad no es retórica: es necesaria.

Con humildad, aclaró que no es político. Es servidor espiritual. Y desde esa vocación afirmó su compromiso con la lucha del pueblo, con espíritu y esperanza, acompañando a quienes hoy padecen desempleo, persecución o prisión. Su palabra no busca administrar el poder; busca ordenar la conciencia.

Unidad primero: el diálogo que sí importa

Este ensayo es un seguimiento consciente a ese llamado. Porque si algo debe quedar claro al iniciar 2026 es esto: la apertura no comienza dialogando con el poder. Comienza dialogando entre nosotros.

Este es el año de la unidad. Unidad no significa uniformidad ni silencio. Significa priorizar el objetivo común por encima de las diferencias legítimas. Significa ordenar la pluralidad para que sume, no para que fracture. Significa construir un “nosotros” que no excluya, pero que tampoco se diluya en egos, siglas o protagonismos estériles.

Antes de cualquier conversación externa, la oposición debe hablar consigo misma. Escucharse con honestidad. Acordar mínimos compartidos. Definir reglas de convivencia política y una hoja de ruta común. No se trata de sentarse con el régimen; se trata de dejar de dialogar en paralelo entre opositores. Porque sin unidad, toda mesa nace coja; y sin cohesión, cualquier apertura es frágil y reversible.

La apertura verdadera

La apertura que Nicaragua necesita no es un gesto; es un proceso. Empieza cuando la oposición se reconoce plural y decide cooperar. Continúa cuando se sienta a dialogar internamente para reconstruir el país desde sus cimientos: justicia, derechos, institucionalidad, economía con oportunidades y una cultura política que sustituya el miedo por la participación.

Hablar y sentarnos a dialogar sí es condición para reconstruir el país; pero el primer diálogo es interno. Es el diálogo que cura desconfianzas, que convierte la crítica en propuesta, que transforma la memoria del daño en aprendizaje colectivo. Ese diálogo no legitima al autoritarismo; legitima a la ciudadanía.

Ética de la oposición

La unidad no se decreta; se practica. Exige una ética mínima: respeto, transparencia, corresponsabilidad y renuncia al protagonismo vacío. Exige comprender que nadie es dueño de la causa y que toda causa justa necesita método. Exige, además, una pedagogía pública que explique por qué la unidad no es táctica, sino estratégica: porque es necesaria para la victoria y para la gobernabilidad democrática que deberá venir después.

Esperanza activa

Este 2026 debe ser recibido con gratitud y fe, no como espera pasiva, sino como esperanza activa. Orar, para quienes creen, es ordenar el corazón; trabajar juntos es ordenar la acción. La fe que convoca a la unidad no evade la realidad: la enfrenta con espíritu.

Nicaragua tiene que abrirse. Pero la llave no está en la rendición ni en diálogos prematuros. La llave la forja la oposición unida. Cuando estemos juntos —diversos, firmes, conscientes—, la apertura dejará de ser promesa y se convertirá en camino.

Este es el año de la unidad.

Y desde esa unidad, como recordó el Padre Benito, el cambio viene.