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El Caso de Brooklyn Rivera y la crueldad como política pública

Cuando creíamos que el régimen de Ortega y Murillo ya no tenía con que sorprendernos en materia de represión y locura, esta semana, la foto del fantasma de Brooklyn Rivera en estado agónico vuelve de nuevo a martillar en nuestras sienes  la falta de límites de la dictadura en esta dimensión oscura de su actuación política.

Y no se trata simplemente de una expresión de visceralidad encarnada generalmente en la persona de Rosario Murillo. Si bien es cierto, su responsabilidad y protagonismo personal en este tipo de escenarios es indudable, tenemos que admitir a estas alturas, que la crueldad ha sido estrenada una y otra vez por el aparato dictatorial como una de sus principales políticas públicas y conducta de Estado.

La cantidad de casos en los cuales, el régimen  dictatorial ha ido  más allá de la represión , convirtiendo su  conducta en una política pública de exceso y escarnio contra los prisioneros políticos, pretende alcanzar  varios objetivos simultáneamente.

Al mejor estilo de Nerón en el Imperio Romano, los castigos extracarcelarios del régimen, perpetrados contra sus reos, pretenden en primer lugar, servir de advertencia y precedente para quienes osen desafiar al poder instituido. Asi, los disidentes reciben un mensaje claro: No se trata simplemente de que perderán su libertad. Se trata de que la cárcel será para ellos, un infierno complementado con la negación del  tratamiento médico,  el aislamiento con relación a su familia y seres queridos,  la ausencia total de una defensa legal  mínima,  la negación de un proceso con garantías fundamentales y el riesgo final de no salir vivo de la cárcel  con el agravamiento de dolencias y enfermedades generadas o agravadas por las condiciones del presidio.  Es la aplicación de “la ley fuga” dentro de la propia celda del prisionero, hasta extirpar en él, su último vestigio de dignidad humana, convirtiéndolo en un despojo al que después  le toman una fotografía, no como “prueba de vida” sino como prueba de lo que son capaces de hacer con todos aquellos que los desafíen.

De igual forma, el mensaje es también para las familias que caen en el círculo del hostigamiento y la advertencia : mientras mas pregunten por su familiar detenido, mas duras serán las condiciones recetadas para el reo. Así, las familias prefieren guardar silencio para no recrudecer el calamitoso estado en que se encuentra su padre, hermano,  marido, esposa, o hijo.

Esta política pública de crueldad, aplicada contra los reos y sus familias, no tiene nada que pedirle al antecedente de los reyes del medioevo   o a los excesos de Stalin y de Hitler, o a las prácticas degradantes de Pinochet, o Franco.  La crueldad aplicada con esa dosis de patología no es prerrogativa ni propiedad de los peores regímenes alineados a la derecha o a la izquierda.  Es la forma en como el Poder disfrazado con cualquier ropaje responde sistémicamente a quienes lo cuestionen.

Pero en relación a la búsqueda de la libertad, los seres humanos somos tercos y persistentes. Esos ejemplos de crueldad  solo confirman que quienes rechazamos el crimen  el oprobio y la opresión política en cualquier de sus formas y expresiones, tenemos la razón y no importa si la fotografía  agónica de un prisionero pretende disuadirnos  mientras el rostro visible y oscuro del régimen, lo llama “hermano” y hace “votos públicos”   porque su corazón atravesado por la tortura del presidio , no se detenga.

Independientemente del desenlace, y para amargura del régimen, ese corazón y los de otros prisioneros que han corrido la misma suerte,  palpitarán  para siempre junto a nosotros.

¡ Libertad para los prisioneros políticos del régimen Ortega y Murillo¡

¡ Libertad inmediata para Brooklyn Rivera ¡

Adrián Meza Soza.

Profesor Universitario.