Henry Briceño
Era un hermoso día soleado en Managua. La marea de personas, simulando una hermosa anaconda, se deslizaba ordenadamente sobre la carretera a Masaya. Consignas, matracas, sonrisas, abrazos; pitos, miles de banderas azul y blanco, agua helada, muchachos con bolsas y sacos recogiendo basura. El destino de la marcha era la Universidad Centroamericana (UCA), frente a la Universidad de Ingeniería (UNI). Pocas horas antes había partido de la rotonda “Jean Paul Genie”.
Un grupo de amigos éramos parte de la monumental marcha. Ya la dictadura había ases7nado a varias decenas de jóvenes desde que inicio la insurrección cívica espontánea del 19 de abril del 2018. Caminábamos a unos 30 metros de la punta de lanza de la histórica jornada de ese 30 de mayo día de las madres nicaragüenses. De repente disparos.
Fue como si un brioso río, fenomenalmente, cambiara su curso y retrocedía abruptamente. “Están disparando a la marcha” dijo alguien de los apurados que se alejaban del portón principal de la UCA y de la UNI. Ya los disparos los escuchábamos más claros. ¡Retrocedan! fue la orden que alguien brindó. De prisa enrumbamos sobre la carretera hacia la Colonia Centroamérica. Fue confusión absoluta.
Por los móviles nos enteramos de lo que estaba ocurriendo en tiempo real. El ejército, policía y paramilitares de Ortega y Murillo se habían instalado en el nuevo estadio de base ball Denis Martínez y, desde ese sitio, francotiradores tomaban puntería sobre la cabeza, garganta y pechos de jóvenes que encabezaban “la Madre de todas las marchas”. Los miles de autoconvocados tomaron, cada uno, su rumbo no planificado. Mi grupo caminó hasta el” Camino de Oriente” sitio donde habíamos resguardados nuestros vehículos.
ROSARIO MURILLO Y DANIEL ORTEGA habían lanzado otra acción crim7nal sobre una marcha cívica. Los dictadores en su Bunker en El Carmen no pudieron tolerar la presencia de más de medio millón de personas autoconvocadas sobre el tramo de la carretera a Masaya. Desde Metrocentro hasta la rotonda “Jean Paul Genie”.
Radio Corporación y 100% Noticias y miles de ciudadanos, cada uno, convertido en periodista trasmitían la tragedia impulsada por Daniel Ortega y Rosario Murillo desbordados por asesinar a nicaragüenses que exigían libertad. “La madre de las marchas” había sido convocada por “Las Madres de Abril” cuyos hijos habían sido asesinados por la guardia de la dictadura en el período del 19 de abril 2018 al 29 de mayo de ese mismo año. La matanza, por parte de Ortega y Murillo, continuaría hasta nuestros días.
El 30 de mayo del 2018 la vorágine de sangre, la dictadura Murillo-Ortega, la elevaba a niveles increíbles. El mundo entero pudo observar, mediante la televisión y fotos de móviles, a la guardia pretoriana disparar sus fusiles de guerra contra una población desarmada cuyo delito era marchar, cívicamente, por una de las principales arterias de la capital nicaragüense. Los dictadores temen a las marchas espontáneas, las autoconvocadas, en donde los colores políticos e ideologías se marginan para dar espacio a un solo objetivo: Desprenderse, pacíficamente, de una sangrienta dictadura.
las plataformas digitales informaban a raudales el atropello de la dictadura contra la población que, también, marchaban en las ciudades de Masaya, Estelí y Chinandega. Las balas de la dictadura hicieron lo suyo al igual que en Managua ese inolvidable 30 de mayo del 2018. Ortega y Murillo ponían su sello de crim7nales de forma pública a nivel nacional e internacional.
Trágico resultado.
19 víctimas mortales fue el resultado de la acción descomunal y desproporcionada por parte de Rosario Murillo y Daniel Ortega ese 30 de mayo. Ese fue el regalo para las madres nicaragüenses por parte de ese par de desalmados. Dispararon contra marchas cívicas desarmadas en los departamentos de Managua, Masaya, Estelí y Chinandega. La cifra de caídos fue corroborada, en ese contexto, por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) al igual que por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) Y La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Al caer la tarde Managua calló. La represión por las calles nada que envidiarle a Pinochet. Las camionetas de la muerte (Hilux) cargadas de ases7nos con armas de guerra en manos y deseos de sangre con plena autorización para asesinar a nicaragüenses. Fue parte del calvario que aún, a esta fecha, el pueblo nicaragüense enfrenta desarmado.
Es compleja la situación en la Nicaragua coaptada por un grupo de mafiosos bajo la jefatura de Rosario Murillo, Daniel Ortega y sus hijos. La compra de conciencia en el devaluado ejército, policía, paramilitares y alcaldes cómplices de este desastre hacen posible la desgracia denunciada.
La población que se opone a esta brutalidad, dentro y fuera de Nicaragua, ha hecho todo lo que está a su alcance cívicamente. Enfrentar con piedras y huleras a un ejército, policía y paramilitares entrenados para matar con armas de guerra no es prudente. Se ha denunciado en todos los foros mundiales la tragedia que embarga a Nicaragua, pese a ello, el mundo gira sus ojos a otro lado mientras la patria de Rubén Darío, la tierra de lagos y volcanes se tiñe de roja sangre.
