Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo
Deconstruir el racismo implica reconocer prejuicios aprendidos y transformar conductas personales e institucionales. Esto no ocurre de manera inmediata, requiere educación, empatía y cambios sociales sostenidos.
Como individuos, podemos cuestionar prejuicios aprendidos, evitar el lenguaje discriminatorio, escuchar las experiencias de otras personas, educarnos sobre la historia y la diversidad cultural, denunciar la discriminación y tratar a todos y todas con dignidad.
La empatía, o la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y entender cómo se siente, y el contacto humano reducen los estereotipos o las ideas muy simples y generalizadas que se tienen sobre un grupo de personas, cosas o situaciones, sin conocerlas realmente. En otras palabras, es una creencia fija que se repite, aunque no siempre sea verdadera.
Las familias tienen una enorme influencia en cómo los niños perciben la diversidad. Por ello, es importante inculcar el respeto desde la infancia, evitar los comentarios racistas, promover la convivencia multicultural y explicar que las diferencias culturales enriquecen a la sociedad. Los prejuicios suelen transmitirse de generación en generación si no se cuestionan.
Las sociedades pueden reducir el racismo mediante la educación inclusiva, que es donde todos cuentan y aprenden sin que nadie quede fuera, leyes antidiscriminación, acceso equitativo a salud y educación, representación diversa en medios, fortalecimiento comunitario y reducción de desigualdad social.
También es fundamental capacitar a las instituciones de salud, educación, justicia y seguridad pública para prevenir la discriminación estructural. Igualmente, promover este respeto en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Debemos reconocer el valor de la diversidad y la riqueza cultural de los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, los migrantes de otras culturas, las tradiciones locales, los idiomas, la música, la gastronomía y los conocimientos ancestrales.
La diversidad fortalece la identidad, la creatividad, la cohesión social y la resiliencia comunitaria. Las sociedades inclusivas suelen presentar mejores indicadores de salud, estabilidad, confianza social y desarrollo humano.
El racismo daña profundamente la salud física, mental y social de las personas y comunidades. Genera desigualdad, sufrimiento y barreras que afectan generaciones enteras. En Centroamérica, sus efectos todavía se observan en el acceso desigual a las oportunidades, a la salud y al bienestar.
Sin embargo, el racismo no es inevitable. Puede transformarse mediante educación, empatía, políticas inclusivas, fortalecimiento comunitario y compromiso colectivo.
Construir sociedades más saludables también significa construir sociedades más justas, donde todas las personas puedan vivir con dignidad, respeto y oportunidades reales para desarrollarse plenamente. Ahora te toca a vos hacer tu parte.
