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Ortega le teme a las elecciones porque le teme al pueblo

Las declaraciones del dictador Daniel Ortega durante el acto del 19 de julio no constituyen una demostración de fuerza, sino una confesión de miedo. Al afirmar que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”, Ortega reconoció públicamente lo que siempre ha sido su verdadera intención: impedir que su proyecto tiránico sea sometido a cualquier forma de competencia democrática.

En Nicaragua hace mucho tiempo que no existen elecciones auténticas. Lo que el régimen organiza son votaciones controladas, sin libertades, sin garantías y con resultados predeterminados. Sin embargo, Ortega ante su paranoia y su miedo, quiere más control. Sabe que incluso en una competencia imperfecta, pero con algún margen mínimo de libertad, el sandinismo no tendría ninguna posibilidad real de ganar.

Su temor resulta especialmente revelador porque ha secuestrado completamente el Consejo Supremo Electoral, la Asamblea Nacional, la Policía y todas las instituciones del Estado. Ha despojado arbitrariamente de su nacionalidad a opositores, ha forzado al exilio a miles de voces cívicas y ha impuesto un sistema de vigilancia y represión sin precedentes. A pesar de todo ese aparato, tuvo que utilizar la principal tribuna política del Frente Sandinista para anunciar que no permitirá elecciones. Eso se llama miedo.

También demuestra que la oposición democrática continúa viva. Ortega le teme particularmente a quienes seguimos organizándonos dentro de Nicaragua de manera clandestina, y a quienes continuamos trabajando desde el exilio. Le preocupa que los movimientos opositores nos constituyamos como partidos políticos, porque hablar de partidos significa expresar claramente una vocación de ser una alternativa democrática de poder y la determinación de acceder al gobierno por vía de la soberanía ciudadana.

Ruta del Cambio se ha constituido formalmente como partido político no por razones electoreras ni para participar en los circos electorales de la dictadura, sino para afirmar nuestra vocación democrática y nuestra determinación de construir una alternativa real de poder. Reconocemos también el esfuerzo de otros sectores opositores que, pese a la persecución, el exilio y las dificultades para alcanzar los niveles de unidad y cohesión que Nicaragua necesita, continúan organizándose y coordinándose.

Ortega quisiera eliminar incluso las votaciones controladas que actualmente utiliza para aparentar normalidad. Sin embargo, al mismo tiempo necesita conservar a los grupos colaboradores “zancudos” para simular legalidad. Esa contradicción confirma que sus palabras deben analizarse más allá de la posible suspensión de cualquier proceso electoral: son la expresión de un régimen que no ha logrado neutralizar completamente a la oposición y que sabe que no cuenta con el respaldo del pueblo.

La dictadura tiene miedo porque sabe que no es invencible. La dictadura tendrá su final. Nicaragua algún día volverá a tener elecciones libres, instituciones democráticas y un gobierno legítimamente elegido por sus ciudadanos.

Fuerza y fe

Félix Maradiaga
Presidente de Ruta del Cambio
20 de julio de 2026