Ezequiel Molina | Noviembre 26, 2024
La espuria reescritura de la Constitución Política de Nicaragua, orientada por la pareja dictatorial y ejecutada por los malhechores que ocupan los escaños de la mal llamada Asamblea Nacional, es virtualmente el tiro de gracia a la disminuida y domesticada “militancia sandinista” que todavía cree, o aparenta creer, en la existencia de la organización política llamada FSLN, y es que las reformas prohíben de manera expresa la candidatura al cargo de copresidentes a todos los altos funcionarios del régimen en funciones, exceptuando los cargos de “asesor presidencial”, donde se ubican los hijos de los dictadores. Para garantizar la presencia de lo que queda del sandinismo, dicha reforma designa el trapo rojinegro como “símbolo nacional”, legaliza las fuerzas paramilitares a través de la creación de la Policía Voluntaria, una suerte de banda de sicarios, elevados al grado de tontos útiles, que pueden ser instrumentalizados cada vez que la dictadura lo requiera, al igual que lo hicieron en 2018, recibiendo pírricos beneficios y exponiéndose a ser juzgados por sus crímenes una vez se instaure un gobierno de transición democrática.
Los altos funcionarios de todas las entidades públicas estarán expuestos a ser sustituidos en cualquier momento que los dictadores lo requieran, dichas entidades pueden pasar a ser dirigidas manu militari, por miembros del ejército, la policía o el Ministerio del Interior, reafirmando así la desconfianza del régimen hacia los civiles nombrados en altos cargos, y reitera a la vez su total dependencia y confianza en los cuerpos represivos. Habrá que esperar cambios en la presidencia de la Asamblea Nacional, ya que la reforma mandata al presidente del órgano legislativo a ocupar transitoriamente las funciones co-presidenciales en caso de ausencia definitiva de los co-presidentes, y siendo que el actual presidente de dicho órgano carece de los apellidos Ortega Murillo, seguramente será sustituido por un miembro del clan.
El culto al sandinismo ha sido borrado de manera definitiva, el epitafio ha sido rubricado por los asesinos de El Carmen: “Aquí yacen los restos del sandinismo”.
