Querido Carlos Mejía Godoy:
Aún sigo interrogándome de que estamos hechos los nicaragüenses. De hombre a hombre te digo con sinceridad que no lo sé. Lo único que sé es que somos especiales. Cuando menos nuestra generación, desde nuestros propios génesis a la actualidad, hemos demostrado a nosotros mismos y al mundo la capacidad de caer y levantarnos con mayor estoicismo. Con mayor firmeza, valor, coraje y poder de decisión.
Es la vida, la dura vida que nos ha tocado vivir y a pesar de ella hemos sido y seguiremos siendo hombres con sonrisa al viento. Entre el zangoloteo del terremoto y su destrucción, ruinas y cenizas que nos dejó, “Panchito Escombros” testigo, cuando enfrentamos a la huracanada “Juana” y al monstruoso “Mitch” nos tambaleamos, remojamos, caímos y nos levantamos. Hasta el maremoto nos revolcó con sus desmedidas olas, pero no nos ahogó. Nos reímos de este bárbaro.
Así hemos peregrinado por nuestro país y resto del mundo dejando buenas huellas, herencias de orgullo, honradez, creatividad, hidalguía y coraje envidiable. Así nos conocen planetariamente y eso nos brinda una fuerza capaz de vencer cualquier obstáculo que el destino nos ponga en cualquier recodo de la esquina como una macabra emboscada. Sin previo aviso, igual que la naturaleza que no invita ni avisa cuando nos atropella. Con nosotros no ha podido, siempre le ganamos la partida.
Ayer, Somoza y los suyos nos torturaron encarcelaron, asesinaron a muchos queridos hermanos que esperan la resurrección, nos exilió, desterró y nos persiguió más allá de nuestro terruño. Al final ellos fueron los sepultados.
hoy otra, profundamente perversa, dictadura nos persigue, asesina, confisca, humilla, tortura, destierra, amenaza y al final el miedo que nos lanza, como bumerang, vuelve a sus entrañas y ahí se inserta hasta convertirlos en paranoicos de su propia pesadilla.
Duermen con un ojo abierto, lo dice doña Rosario Murillo bailando en plaza pública al igual que un esqueleto de laboratorio cómo producto de su propia maldad. Este matrimonio infernal se siente perseguido, asediado y están a la defensiva de su propio horror.
Carlos, los hombres libres como vos y yo seguimos indetenible en la ofensiva haciendo lo propio desde nuestras trincheras cívicas. De hombre a hombre te digo, así, con cantos de Monimbó, del zanatillo y hasta con los compases del zopilote que se resiste a morir como nosotros, sonreímos a la vida consciente, con olor a pinol, que la patria, nuestra patria nos espera, para hacerla volar… volar…volar… como la bella Sheynnis Palacios que, también, deja huellas por el mundo para orgullo nicaragüense.
Nosotros hemos hecho historia, hoy nos toca escribir otra nuestra, la del siglo XXI, con la sabiduría de los tiempos. Ochenta y setenta y cinco años respectivamente son babosadas. Nuestros molinos están aceitados y vos y yo tercos e incesantes moliendo, decididos a sacar jugo a esa caña de Montelimar que nos va conduciendo a la libertad.
La lucha, sonrisas y el buen humor junto al Güegüense burlón, satírico, festivo y de vistosos colores como el güipil del invencible Masaya sigue latente. Hoy más que nunca.
Estás, por el inesperado incendio que destruyó tu vivienda no tu hogar, junto a Xóchilt, “en la calle de en medio”, igual mi persona y familia y miles de nicaragüenses dispersos por el mundo unidos, todos, por ese lazo indisoluble del amor hacia nuestra Nicaragüita.
Adelante hermano, te lo digo de hombre a hombre, saldremos adelante, ya comenzamos a gatear, mañana caminaremos y pasado en pleno maratón hacia el terruño para recontinuar abonando la milpa en nuestros campos de Madriz, las Segovias, Carazo y resto de la campiña nicaragüense. Hemos sido libres somos libres viviremos libres moriremos libres. Así de un solo chirrión.
Tomados de las manos, oremos tal como dice tu canción y, caminemos hacia nuevos derroteros. Nuevos maizales. No olvidemos, te lo repito de hombre a hombre, los derrotados son ellos. Un fuerte abrazo querido hermano Carlos, extensivo a Xóchilt. Tu cajetita de zapoyol.
Con mucho afecto.,
Henry Briceño Portocarrero y familia
Desterrados por una criminal dictadura.
San José, Costa Rica.
Enero 15 del 2025
