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Ezequiel Molina | Marzo 19, 2025   

“Los políticos dicen una cosa y hacen otra”, una buena parte de la población mundial puede coincidir con la frase anterior, y seguramente algunos estadounidenses coincidan con ella después de casi dos meses de estar bajo una administración que en tan corto tiempo ha hecho cosas que no prometió, e incumplido con lo prometido, según la prensa norteamericana.

El desempeño político de la actual administración de EE.UU. muestra algunas similitudes entre Trump y algunos de los autócratas que hoy día mantienen sojuzgados a sus pueblos; para comenzar, son liderazgos que no tienen simpatizantes, tienen fanáticos, carecen de seguidores, cultivan fieles. Todo lo que estos líderes hagan, digan o prometan está bien dicho o hecho, no importa si violan leyes, interfieren con otros poderes del Estado, o simplemente mienten. Ningún funcionario bajo su mandato puede cuestionar, criticar o sugerir cambios en sus decisiones, y su relación con la prensa es tensa, donde generalmente sólo hay una fuente de información que puede ser confiable o creíble: la del líder mismo.

Pero, para la pareja dictatorial nicaragüense, algunas de esas similitudes con el presidente Trump parecen confirmarse; Trump hizo su propia alianza público-privada con un reducido grupo de ultra millonarios que están siendo observados muy de cerca, ya que todo indica que dicha alianza podría generar enormes beneficios para las grandes empresas, soslayando los requisitos de transparencia, beneficios para las mayorías y en general respeto a las leyes; recordemos que en nuestro caso esa alianza fue entre Ortega y un reducido grupo de empresarios y banqueros, que lejos de representar al empresariado nacional, han obtenido cuantiosos beneficios legalmente cuestionables. Es evidente que en esa deriva de liderazgo único, la pareja dictatorial aventaja con creces a mister Trump, no en balde llevan dieciocho años ininterrumpidos en el poder, en los que han logrado pulverizar el Estado de Derecho, la división de poderes del Estado y apagado toda voz que se atreva a cuestionarlos, además de poner un país en fuga con más de 1 millón de emigrantes.

La tragicomedia comparativa concluye entre parejas, mientras Ortega tiene su Rosario, que le sirve de escudo, Trump tiene su Elon Musk, un personaje pésimamente evaluado por la opinión pública estadounidense, al que le achacan muchos de los desmanes cometidos por el actual mandatario, y que ha llevado al presidente a cometer actos que además de impensables, rompen la lógica del comportamiento de todos los presidentes anteriores, tal es el caso de utilizar el escenario de la Casa Blanca, donde el propio presidente hace publicidad a los vehículos Tesla, propiedad de Musk, cuyas acciones por cierto están a la baja en el mercado bursátil.   

Los nicaragüenses dentro del país son rehenes de la pareja dictatorial, y los que están en Estados Unidos, bajo diferentes figuras migratorias, viven la zozobra de ser deportados a Nicaragua, donde no sólo se trata de un problema económico al perder la posibilidad de enviar dinero a sus familiares, sino de un tema de falta de libertades, represión a todos los niveles y peligro de ser encarcelados en muchos casos. Ojalá quienes defienden las libertades civiles en Estados Unidos logren detener las masivas y en algunos casos injustificadas deportaciones, o al menos obtengan la posibilidad de ser deportados a un tercer país, principalmente para quienes corren peligro al caer en manos de la dictadura. Es decir, los nicaragüenses en Estados Unidos o dentro del país, están entre el fuego de dos parejas que no parecen cejar en sus propósitos. Este escenario plantea la necesidad de buscar las posibilidades de apurar la destrucción de la dictadura, no existen alternativas posibles.