Zancudo Elegante: las moscas [segunda entrega]

*Por Fernando Bárcenas | Tomado de Revista Abril

Pululan candidatos como moscas debajo de las hojas de repollo

En este año electoral, hay un fenómeno orteguista que favorece a Ortega más que ningún otro de la política criolla, plagada de absurdos, aunque, en apariencia este fenómeno dé la impresión que sea adverso a Ortega. Cualquier hijo de vecino sin militancia política de ningún tipo quiere ser presidente. Y se propone de candidato sin ideología, sin estrategia, sin programa, improvisadamente, sin apoyo de masas. Sin ningún criterio político en su bolsillo, aunque casi todos se llamen politólogos. Hasta el ex asesor de la UNAB, sin un solo partidario que le apoye en varias millas a la redonda, quiere ser candidato. Pareciera que entre la oposición no ser candidato sea un descrédito, una suerte de deficiencia que atraería el bullying. Y como para candidato… ni siquiera se requiere entrenar… pues se lanzan.

Es un gusanito que carcome el alma desde hace tiempo, y que ahora puede salir a luz en el momento en que la contienda electoral orteguista se vende como si fuese una copia material de la democracia perfecta.

Son candidatos desesperados, como para meterse a una contienda que todo indica, a estas alturas, que será fraudulenta, sobretodo, sin libertad de movilización de masas. Una contienda de almas en pena que suplen con su fantasía las flaquezas de un proceso viciado, cuyo resultado está decidido de antemano por el poder dictatorial amenazante.

La casilla electoral se impone en la oposición

Igualmente, todo indica que CxL no aceptará la unidad para escoger por consenso al candidato, conjuntamente con nadie. Sino, que se escogerá el candidato que correrá en su casilla entre quienes se inscriban individualmente en el proceso unilateral de CxL. Presume que el candidato que designen se impondrá, y que la Coalición declinará efectuar un procedimiento separado para no dividir el voto. Ortega, sin hacer nada, espera que el voto se divida entre varios candidatos. Por último, a conveniencia, podría habilitar más casillas, para estimular el ego de candidatos múltiples, obteniendo de paso algún crédito en la OEA.

De esta forma, CxL, el partido más sectario, con una intención de preferencia inferior al 3 %, pero, con casilla electoral, prevalece ante las más de 90 micro agrupaciones de la Coalición Nacional, sin casilla (con una preferencia del 4 %). 

Disputarse la casilla del PRD implicaría una selección entre los varios aspirantes de la Coalición Nacional (que, a pesar de ser una alianza, por el momento pretenden acudir con todos sus candidatos a confrontarse con el resto de candidatos independientes, para disputarse la casilla de CxL). Así, la probabilidad de que alguien de la Coalición quede como candidato único aumentan, de manera no transparente. 

¿Qué sentido tiene haber formado una alianza electoral, bajo el nombre de Coalición, si cada organización que integra dicha alianza nombra su propio candidato, sin un proceso de selección interno? La alianza, efectivamente, en la práctica no existe.

La Comisión de Buena Voluntad (autonombrada para gestionar la unidad) nació muerta, vista la posición sectaria de CxL, y la posición absurda de los candidatos de la Coalición. Así mismo, la firma del documento para acordar conjuntamente un candidato único pierde sentido ante el procedimiento unilateral decidido por CxL, y ante la falta de selección interna dentro de la Coalición.

Ortega ni siquiera ha tenido que meter cizaña. Ha bastado el ego y la torpeza de la oposición tradicional en su conjunto. Precisamente, la falta de estrategia es la característica esencial de la oposición tradicional, que suple dicha falta con pleitos de grillos.

Norteamérica les da cuerda, en propio interés

Norteamérica dice apoyar a Maradiaga, luego, dice apoyar a Juan Sebastián Chamorro, luego a Cristiana Chamorro, luego a Arturo Cruz… Piensa que así tiene más oportunidades de ganar y de influir en todos. En realidad, perjudica a todos, porque por pragmatismo se dispone a negociar con Ortega, en función de la fuerza relativa que éste conserve al pasar la crisis electoral. Norteamérica ve la crisis en Nicaragua sin urgencia, desde una perspectiva sumamente superficial de largo plazo (lo que le preocupa únicamente es evitar una crisis de emigrantes). Su principal estrategia aquí es dejar que actúe el paso del tiempo en la implosión natural del orteguismo (salvo por alguna consideración táctica relacionada con el voto de Florida durante sus propios comicios electorales). Al ver a la oposición tradicional (incapaz de amarrarse los zapatos), deduce que Ortega, relativamente, es quien ofrece más estabilidad. Por consiguiente, tiene interés en revestir la próxima contienda fraudulenta de Ortega de alguna credibilidad aparente (para salvar, precisamente, las apariencias). Para ello necesita, no que Ortega conceda algo, cuanto que la oposición tradicional sea complaciente y se disponga a cohabitar con Ortega luego del fraude. 

Cristiana Chamorro pide (porque le viene sugerido en Washington) que se dé esa negociación extranjera con Ortega, en función exclusiva de la geopolítica de EEUU, para limitar –dijo ella- la influencia de Rusia y de China en la región (¡sabrá lo que ha pedido!). Cruz, se sabe, es el ideólogo del aterrizaje suave… Enemigo de que la situación se salga de control. No hay que destruir la economía, dice Cruz, hay que mantenerse en la pista electoral. Por su obsesión, parece que Cruz vaya a dormir diariamente en el hangar del aeropuerto. Y saca un falso axioma: ¡Ortega no tiene legitimidad, tiene que hacer concesiones! Luego, dentro de 12 años, dirá que los gringos le encargaron que impidiera –con la pista de despegue- que la situación se saliese de control.

*El autor es Ingeniero Eléctrico.

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