El debate está abierto y las posiciones están cada días más claras. Lo que comenzó con una supuesta “defensa de la memoria histórica” en el caso de Sergio Ramírez imputándolo como criminal de guerra y clamando al cielo por su segura inclusión en la Real Academia Española, se ha develado finalmente como lo que siempre fue: el clamor de revancha por un pasado en el que la nostalgia por el somocismo y las alianzas históricas con un gobierno extranjero agresor y culpable, ocupan finalmente su sitio , sin máscaras de debates académicos o controversias intelectuales.
Es la nicaragua imposible de juntar que nuevamente hace añicos los sueños de filósofos que mueren sin ver siquiera , señal alguna de cicatrices en las heridas que sangran en todos los costados de nuestra historia.
En esa versión absoluta de los degolladores gratuitos de todo lo que huela a sandinismo, Sergio Ramírez ocupa el lugar de Goering , el jerarca nazi, y por supuesto, también debe ser ahorcado , antes de que mastique la pastilla de cianuro que seguramente, el escritor esconde entre sus muelas para el momento en que deba asumir su encrucijada personal .
Pero en realidad la conclusión que se persigue trasciende del escritor y se presenta como una verdad histórica incuestionable en la que TODOS LOS SANDINISTAS, incluyendo por supuesto a sus subordinados o colegas del imputado, merecen la misma suerte .
Así a quienes han osado desafiar el juicio infalible de los dioses del nuevo olimpo de “defensores de la democracia “ refutando sus incriminaciones y sentencias absolutas, se les descalifica rápidamente porque fueron “subordinados” del incinerado de turno.
¡Menudo debate de intelectuales!
En ese escenario, al otro lado de la perspectiva, comienzan a surgir las voces de quienes no tienen por qué olvidar, que un segmento minoritario de los supuestos “demócratas” de hoy, son también hijos de crianza o protagonistas directos de quienes según los términos de la sentencia de la Haya del 27 de junio de 1986, tienen la culpa histórica JURIDICAMENTE CERTIFICADA por ese tribunal internacional , de haber sido protagonistas, cómplices, responsables, encubridores y beneficiarios de una agresión ilegitima contra el país, documentada además con crímenes cometidos contra la población civil en los escenarios de la guerra.
Y en la guerra, (ya lo sabemos) se produce el concurso de los criminales de uno y otro bando que después serán atacados o defendidos por las futuras generaciones, que debatirán de una en una, cual de todos los asesinos aventajó al otro en la escala de crueldad por la que los dos bandos compitieron en escenarios concretos y con nombre y apellido . Demonizar a unos , para salvar la cara de otros, es una práctica común de propaganda y narrativa política, disfrazada de debate histórico y búsqueda de memoria histórica.
Es la falsa ética y la doble moral al servicio de una versión de la historia en la que se debe llevar a la hoguera a uno de los bandos, para que el otro termine como víctima inocente, paladín de la libertad, o heredero del poder que debe suceder cuando termine “ la noche negra” con su secuela de ejecutados y degollados por “justicia”.
Ese juego, nadie está dispuesto a jugarlo porque no hay ingenuidad ni inocencia que nos permita semejante estupidez.
En ese contexto no habrá quién ofrezca el cuello, para que el otro, se lo corte en aras de una supuesta “ética histórica” que esconde los intereses encubiertos de un nuevo poder que anuncia la exclusión y el aniquilamiento de aquellos que en su momento, los derrotaron.
Si ese es el escenario de futuro,,… ¡ Que Dios Salve a Nicaragua!.
ADRIAN MEZA SOZA.
Profesor Universitario.
