Por: Raúl Llanos
La campaña contra la candidatura de Sergio Ramírez Mercado (SRM) a la Silla de la Real Academia Española de la Lengua, no es el culmen de la ultraderecha por imponer una narrativa, sino que parece estar orientada a la destrucción de los sectores de centros (izquierda o derecha), que ya se venía gestando desde unos meses atrás, a la cual se han agregado ahora, ni cortos ni perezosos, troles de la dictadura, para echarle leña al fuego y ahondar las diferencias entre los opositores a la dinastía orteguista.
La mayoría pertenecen a las generaciones políticas de los 90´s y unos de más reciente surgimiento desconocido. Sus organizaciones se han caracterizado por mantenerse alejadas de las más álgidas aspiraciones del pueblo nicaragüense. De tal manera que, mientras sus cúpulas partidarias se aprestaban a participar en la farsa electoral montada por la dictadura en la Costa Atlántica en marzo de 2019, adoptando la decisión desde junio de 2018 para salvaguardar sus intereses de partido, el pueblo se enfrentaba en las calles a las fuerzas tenebrosas de la dictadura.
La campaña trata despiadadamente a SRM acusándolo de tener una “memoria selectiva” y de “falta de ética y moral”, mientras que son indulgentes con los liberales somocista y los contras.
Y si vemos la acusación de complicidad por los excesos y abusos por parte del sandinismo, en el contexto de la guerra, pues habría que también atribuir complicidad y grado de responsabilidad a los ministros del liberalismo somocista, por no denunciar las exacciones y desapariciones forzosas que cometió la EEBI y la OSN en la lucha contra la guerrilla sandinista. Nunca pidieron perdón ante el pueblo. Muchos de estos funcionarios fueron incorporados en el gobierno de Arnoldo Alemán. El colmo es que hasta el orteguismo designó como embajador en Japón a uno que fue vice canciller del liberalismo somocistas, hasta el último momento.
Sucede lo mismo con acusar a SRM de ser responsable de confiscaciones, sin tomar en consideración que también doña Violeta Barrios de Chamorro, Alfonso Robelo y Moisés Hassan firmaron el famoso Decreto No. 3 de la JGRN del 20 de julio de 1979, por medio del cual se confiscaron “los bienes de la familia Somoza y sus allegados”. Esta coletilla le permitió al FSLN extender las confiscaciones hacia liberales honestos y personas del sector privado, cuyos bienes eran producto de su esfuerzo y trabajo honrado, no se habían enriquecido al amparo de la corrupción del liberalismo somocista.
Aún más, acusar a SRM de tener responsabilidad en la implementación de medidas restrictivas de las libertades civiles y políticas, ocultando el hecho que también doña Violeta Barrios de Chamorro, Alfonso Robelo y Moisés Hassan firmaron el Decreto – Ley No. 10 o “Ley de Emergencia Nacional” del 22 de julio de 1979, es totalmente sesgado. Este decreto se implementó para hacer frente a la crisis económica, la destrucción de la infraestructura y el descalabro social provocados por la guerra y el fin de la dictadura liberal somocista. Pero, también significó la suspensión de las garantías y derechos de los nicaragüenses, lo que derivó en abusos y excesos de los órganos de seguridad como detenciones arbitrarias, allanamientos de moradas sin orden judicial, desapariciones forzadas, etc.
De ahí, que no resultare extraño que los liberales somocistas, reagrupados en la Alcaldía de Managua alrededor de la figura de Arnoldo Alemán, se convirtieran en los más despiadados fustigadores del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, acusándola de co-gobernar con los hermanos Ortega, por impulsar la política de Reconciliación Nacional.
Haciéndose eco de la propaganda negra de Miami, algunos noveles políticos liberales insisten en proponer una lectura de la historia en términos anacrónicos, al analizar o juzgar el pasado de 1979 para la actualidad, utilizando los valores, la moral o los conceptos del presente, sin considerar cómo ese anacronismo intencional afecta el estudio formal de la historia para las nuevas generaciones.
De tal manera que, quieren acomodar la realidad del pasado a su visión ideológica, y a toda costa insisten en acuñar que el gobierno de doña Violeta propició la impunidad por un pacto acordado con el sandinismo, como si la Memoria Histórica se aplicara unilateralmente a uno de los bandos bélicos. Deliberadamente, repiten la tesis del liberalismo somocista que la política de Reconciliación Nacional, propició la impunidad. Ni siquiera se han molestado en investigar que fue una propuesta de la Iglesia Católica desde años antes que se produjeran los Acuerdos de Paz, la cual fue respaldada tanto por el Departamento de Estado, como por toda la Comunidad Internacional, dado que en ese momento era la única política viable para garantizar el gobierno de transición y neutralizar a los cabezas calientes que aún existían en ambos bandos, quienes estaban al acecho esperando cualquier pretexto para reiniciar otro capítulo trágico de nuestra historia.
Aún se miran de vez en cuando resabios de esa etapa trágica en las redes sociales con expresiones que se originan en los sectores liberales somocista, que demuestran que aún no superan el hecho de que doña Violeta haya tenido participación en el derrocamiento de la dinastía liberal somocista, junto con el diario La Prensa, así como tampoco a toda la familia Chamorro y a los conservadores y demás sectores políticos democráticos que aportaron al derrocamiento de la dinastía liberal somocista.
En su afán desesperado por destruir a los sectores de centro derecha y centro izquierda no recapacitan sobre la contra argumentación y la imprudencia de sus argumentos con que están atacando, con marcada insistencia en deslegitimar el carácter opositor de elementos que participaron en funciones públicas dentro del régimen de la década de los 80´s.
Por consiguiente, quizás vale la pena mencionarles el caso del Dr. Arturo Cruz Porras, quien en pleno apogeo de la guerra de los 80´s, a pesar de haber sido miembro de la JGRN (mayo de 1980 a marzo de 1981), luego separado para asumir el cargo de embajador del régimen en Washington, posteriormente sería integrado en la máxima dirigencia de la Contra. Y no olvidemos que el Dr. Arturo Cruz Porras había pertenecido al Grupo de los 12, quienes jugaron un rol muy importante para el derrocamiento de la dictadura liberal somocista. Su incorporación a la lucha de la contra fue vista con entusiasmo por parte de muchos miembros del Frente Político. Y junto con su persona llegaron elementos intelectuales valiosos, como José Luis Velasquez Pereira, J. F Ramírez, Xavier Argüello Hurtado y hasta el propio Arturito Cruz, quien había trabajado en el Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN (DRI).
Lo mismo ocurrió también con Paco Fiallos, quien renuncia en diciembre de 1982 de Embajador de Nicaragua en Washington. Con el único que hubo problemas fue con Alfredo Cesar, pues no salió a incorporarse directamente a las estructuras de la Contra, sino que salió a crear su propia organización, el BOS, cuestionando desde un inicio la lucha que se estaba librando contra el régimen.
En aquel entonces, no hubo ninguna voz de un comandante contra que protestara por la integración del Dr. Arturo Cruz Porras en la máxima representación de la contra, nadie le acusó de “doble moral”, de “no tener ética, ni moral”, ni de “tener una memoria selectiva”. Perfectamente, “Johnson” (Luis Fley), tuvo la oportunidad de exigirle que pidiera “perdón” o de acusarle de tener responsabilidad y complicidad en crímenes que cometió el extinto EPS, en la montaña durante el período que fue miembro de la JGRN, tal y como lo está haciendo ahora con SRM.
Y cuando se acusa a SRM y demás elementos que rompieron con el sandinismo de ser piñateros, de no devolver lo robado, hay que hacerles ver que muchos comandantes contras también fueron beneficiados, a través del gobierno de doña Violeta, con propiedades de esa piñata, mientras que otros fueron beneficiados con camiones IFA, camionetas cusucas, jeep UAS, etc., que fueron regalados por el entonces EPS.
Y no hay que olvidar que la primera piñata que registra la historia de Nicaragua la realizan los liberales durante la dictadura liberal del Gral. José Santos Zelaya, con las propiedades confiscadas a la Iglesia Católica y a los terratenientes conservadores. Por cierto, Zelaya tuvo igual comportamiento que Ortega al encarcelar, asesinar y exiliar a sus antiguos compañeros de armas que le ayudaron a llegar al poder. Los liberales jamás devolvieron lo robado, ni pidieron perdón. Al final, el Estado también tuvo que indemnizar a las víctimas de confiscaciones, quienes estaban en una lista que se conoció como “Las listas de Tácito”.
Lo cierto es que algunos elementos, que aparentan ser muy racionales en sus análisis, actúan irracionalmente al desvincular el contexto histórico, las circunstancias históricas que motivaron la implementación de muchas medidas que se adoptaron en esa época, pues estas obedecían a un marco de guerra que prevalecía en el país.
Pero, hay que subrayar que no hubo ninguna recriminación o reproche hacia don Arturo Cruz, por toda su defensa del régimen cuando ejerció los cargos en los años 80´s, no se le acusó de tener responsabilidad de crímenes de guerra cometidos por el EPS y las tropas especiales del MINT. Por el contrario, su incorporación coadyuvó mucho a la lucha.
Tal vez fuera bueno recordar la competencia de los aliados al finalizar la Segunda Guerra Mundial, por los científicos que estuvieron al servicio del nazismo en Alemania, como fue el caso del ingeniero aeroespacial Wernher von Braun, mismo que diseñó los cohetes V2 con los cuales los militares nazis bombardearon Londres, ocasionando muerte, heridos y destrucción, pero cuyo persona los norteamericanos buscaban afanosamente encontrar antes que los rusos, para trasladarlo a USA y aprovechar sus conocimientos.
Y en esa misma línea de la Segunda Guerra Mundial, podemos comparar lo que está sucediendo a lo interno de la oposición nicaragüense, como el surgimiento de dos bloques, definidos por sus actitudes, en la que un sector parece que está sufriendo una metamorfosis profunda de sovietización, mientras que la otra parte parece representar las actitudes de los norteamericanos hacia los derrotados soldados alemanes.
Por eso es que, en las postrimerías del Tercer Reich, una parte de los soldados alemanes que estaban en el Frente Oriental lucharon desesperados por abrirse camino para rendirse ante los norteamericanos, pero fueron aniquilados por los soviéticos rusos. Y los que cayeron prisioneros como los aproximadamente 91, 000 soldados del 6ᵗᵒ Ejército alemán que se rindieron con el mariscal de campo Friederich Paulus en Stalingrado el 31 de enero de 1943, se estima que, de esa cifra inicial, solo entre 5, 000 a 6,000 sobrevivieron a los campos de prisioneros soviéticos y lograron regresar a sus hogares años más tarde.
En cambio, los que estaban en el Frente Occidental que cayeron presos fueron enviados a campos de prisioneros en Estados Unidos. Se estima que unos 500,000 prisioneros entre japoneses, italianos y alemanes pasaron por los más de 500 campos de prisioneros de guerra repartidos por todo Estados Unidos. Para muchos de ellos estos campos fueron una liberación del régimen nazi. Ser un prisionero de guerra alemán en Estados Unidos no fue tan malo. Nadie les disparaba, nadie les exigía que murieran por Hitler. Fueron incorporados en las granjas, donde recibían una remuneración por su trabajo, además de buena alimentación, cuidados médicos y tiempo de recreación. En 1946 todos los prisioneros fueron devueltos a sus países, pero un número importante regresaron para establecerse en Estados Unidos.
Compara esto con el trato que recibieron los prisioneros de guerra alemanes capturados por los soviéticos en el Frente Oriental, el destino de ellos fue la muerte por ejecución inmediata (como ocurría con muchos de las SS, aunque muchos soldados de la Wehrmacht no se salvaban de la venganza de los soldados soviéticos), o pasar años recluidos en un Gulag en alguna parte de Siberia, bajo condiciones infrahumanas y un frío insoportable.
Lo lamentable de todo esto es que algunos medios de comunicación de larga trayectoria de lucha por la libertad y la democracia estén prestando sus páginas a este tipo de propaganda partidaria, que más que buscar una verdadera justicia transicional, fomentan una actitud de venganza y odio.
El autor es nicaragüense exiliado político.
