SAN JOSÉ, COSTA RICA – El bolsillo de los costarricenses se prepara para un segundo semestre complejo, marcado por una paradoja económica: a pesar de que el tipo de cambio se mantiene en niveles históricamente bajos —rozando los ₡450 por dólar de manera persistente—, el costo de la vida está a las puertas de acelerar su crecimiento.
El Banco Central de Costa Rica (BCCR), tras mantener invariable su Tasa de Política Monetaria (TPM) en un 3,25%, emitió una alerta formal a los sectores productivos y comerciales: la inflación interanual, que se había mantenido en terreno negativo (-1,63% a abril), empezará a subir de forma gradual a partir de este mes de mayo.
De acuerdo con el análisis del ente emisor, esta presión al alza responde a factores externos e internos que el tipo de cambio bajo ya no es capaz de amortiguar. Entre ellos destacan las consecutivas alzas en los precios internacionales del petróleo —potenciadas por los conflictos en Oriente Medio— que ya impactan las tarifas del transporte público regulado y el diésel productivo, así como los efectos tardíos del fenómeno climático de El Niño sobre la producción agrícola local.
Para los consumidores, la situación genera desconcierto. La teoría económica tradicional sugiere que un colón fuerte abarata las importaciones, lo cual debería traducirse en un alivio generalizado de precios; sin embargo, en la práctica, los sectores de servicios, los alquileres y los alimentos básicos muestran una alta rigidez a la baja. El debate económico en este arranque de gobierno se centrará en descifrar por qué los beneficios del «Súper Colón» se quedan rezagados en las cadenas de intermediación comercial mientras el ciudadano de a pie absorbe de inmediato el impacto del encarecimiento de los servicios públicos.
