Echo25
Describiendo el universo político ideológico contemporáneo
La mayor parte del universo político ideológico contemporáneo se encuentra marcado por una contienda entre la nueva izquierda, representada por la ideología identitaria, de género y algunas variaciones socialistas democráticas, y la nueva derecha, donde caben desde conservadores, pasando por liberales y libertarios. La mayor parte del mundo occidental, y más allá, se encuentra bajo la influencia de debates en torno a la justicia social, libertad individual, seguridad, libre mercado, y globalización, entre otros.
El Fin de la Historia, planteado por Francis Fukuyama –según el cual el colapso del bloque socialista representó también la culminación de la pugna interideológica que dominó los espacios políticos a lo largo del siglo XX, y en la cual el liberalismo económico, social y político se erigió como ganador definitivo– tuvo alrededor de veinte años de cuestionada validez, en los que otras formas de antagonismo ideológico emergieron. A partir de finales del siglo XX, patrones culturales, étnicos y religiosos –como argumentara Samuel Huntington en El Choque de las Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial– sirvieron como núcleo en las nuevas contiendas políticas a nivel global.
A partir de la segunda década de los dos mil, en el seno de países altamente desarrollados se revigorizaron debates en torno al género, la discriminación racial, la justicia social, y nuevamente la globalización. Actualmente presenciamos la colisión ideológica y ética entre las dos macrocorrientes anteriormente mencionadas: Por una parte el impulso y proyección internacional de las izquierdas que envuelven la ideología de género, la promoción del orden internacional liberal y globalizador, y algunas variantes democráticas del socialismo, por otra, varias configuraciones de derecha conservadoras, liberales y libertarias, que buscan el control sobre las actividades y el poder del estado, la reversión de la globalización (o globalismo según su propia nomenclatura), la reemergencia de esferas de influencia regionales, la preservación de la libertad de mercado (con variados niveles de regulación), y la preservación de valores religiosos y sociales tradicionales. Esta pugna ideológica, al igual que en el pasado, se infiltra en casi todos los aspectos de la vida social, la cultura y la política.
¿Dónde se ubica en el debate ideológico la dictadura de Nicaragua?
En el panorama ideológico contemporáneo la dictadura Ortega Murillo forma parte de un grupo de gobiernos de izquierda con el que la mayoría de otras izquierdas no desean asociarse, especialmente dentro de la región latinoamericana y caribeña.
Una breve revisión de los gobiernos de Gabriel Boric, Lula da Silva, Gustavo Petro, Xiomara Castro y Andrés Manuel López Obrador, sirve para evaluar con claridad los límites y contradicciones que acarrean las izquierdas de la región.
Gabriel Boric, claramente de izquierda, impulsa una ideología progresista con matices de género, redistributivos y reformistas (con debatible éxito), y toma distancia de la izquierda revolucionaria, ahora marginal. En el caso de Petro en Colombia, se puede apreciar a un líder que, pese a tener un pasado como guerrillero de izquierda radical, ha adoptado la agenda de la nueva izquierda para sobrevivir políticamente. En su narrativa, Petro toma distancia y hasta critica al régimen Ortega Murillo, ubicándolo como una anomalía que se encuentra fuera tanto de la izquierda tradicional del siglo XX como de la nueva izquierda. Otros mandatarios de izquierda enfrentan similares dilemas –que a veces se convierten en contradicciones- entre la izquierda antiestadounidense, anticapitalista y revolucionaria, y la nueva izquierda. En ningún otro gobierno se encuentran más claramente ilustradas estas contradicciones como en el de Lula da Silva, que a ratos se refiere a las ampliamente documentadas violaciones a los derechos humanos en Venezuela como “parte de una narrativa,” y que a pesar de haber tomado distancia de la dictadura Ortega Murillo, se empeña en “suavizar el tono” sobre la aniquilación de toda clase de derechos en Nicaragua. Sin embargo, esa posición de falso equilibrio hace que hasta ahora la política exterior de Lula da Silva sea inefectiva e intrascendente.
Por su parte, AMLO y Xiomara Castro exhiben también los dilemas y contradicciones de las izquierdas entre la adaptación a los nuevos tiempos y las antiguas convicciones y métodos de lucha. Por un lado, AMLO lanza códigos discursivos que dejan entrever aspiraciones autocráticas, ánimo nacionalizador, y rechazo al escrutinio político y mediático independiente. Por el otro lado, Xiomara Castro que, a pesar de evitar asociarse con el régimen nicaragüense, se refiere a las conspiraciones tan insistentemente señaladas por el resto de la izquierda autoritaria de la región, en la que participan desde el gran capital, pasando por las ONG, y hasta George Soros. Ahí es donde esa izquierda autocrática se encuentra más cerca de la nueva derecha de lo que quisiera admitir.
Izquierda autocrática y nueva derecha: una amistad involuntaria que florece
El 20 de mayo de 2023, la vicepresidenta colombiana Francia Márquez publicó en Twitter una nota de agradecimiento a Open Society Foundations por apoyar financiera y logísticamente su gira por Sudáfrica, Kenia y Etiopía, reconociendo también su contribución para el “fortalecimiento de las democracias en América Latina y el Caribe.” Pocas horas después, el propagandista dictatorial nicaragüense William Grigsby señaló a Márquez de ser una traidora de la “lucha revolucionaria y emancipatoria”, y de levantarse como agente de la “derecha colonialista e imperialista.” Al día siguiente el analista y conferencista internacional Agustín Laje Arrigoni, desde la nueva derecha hacía lo propio señalando que Márquez obedece a los intereses de la agenda de la nueva izquierda (globalismo, política identaria, feminismo de cuarta ola, etc.). Como este existe ejemplo una multitud de acontecimientos políticos que sustentan la noción de que la nueva derecha como la izquierda autoritaria tienen una cuasi alianza natural en numerosos asuntos de interés general. Entre los lineamientos estratégicos en que coinciden se encuentran: esfuerzos por desplazar a actores políticos no contendores y medios de comunicación críticos, la reversión de la globalización y la reemergencia de un aislacionismo limitado, y el enemigo común que representa la sociedad civil.
Qué debería considerar la oposición nicaragüense sobre ideologías y los riesgos del militantismo
En el plano político la amplia lista de problemas que enfrenta Nicaragua tiende a generar ruido en el cual es fácil perder el carácter de amenaza existencial que representa la dictadura Ortega Murillo. La situación del país es tan anómala que los debates sobre las nuevas derechas e izquierdas simplemente no existen, y es que el espacio de deliberación política en Nicaragua se encuentra absolutamente cerrado. En tal sentido, el diálogo entre los sectores de la oposición tendría que tratar el problema de la dictadura y la redemocratización del país desde un franco pragmatismo (realpolitik), pensando en soluciones desde perspectivas que consideren las limitaciones que impone el panorama actual.
Cabe aclarar que incluso referirse a un enfoque “realista” puede ser problemático, ya que casi todos los actores, participantes y “opinadores” suelen auto etiquetarse como realistas en toda ley, capaces de ver lo que otros no. En su lugar, la oposición tendrá que ser capaz de aceptar diferencias, olvidar provisionalmente viejas rivalidades, y acomodar parte de sus intereses y de los otros para lograr una unidad viable con posibilidades de presentarse como alternativa de poder a la dictadura Ortega Murillo.
No se debe aspirar a una unidad idílica en la que todos los sectores canten Kumbayá al unísono, sino en un enfoque ideológico y discursivo basado en valores mínimos con los que la mayoría de los nicaragüenses se sientan identificados. Valores que comúnmente se encuentran reflejados en la Constitución Política previa a las reformas aprobadas por la Asamblea en 2014, pueden servir para construir la narrativa de oposición viable frente a una dictadura que ha moldeado al estado a imagen y semejanza de sí misma.
Caer en la tentación del militantismo ideológico sirve naturalmente a los intereses de la dictadura Ortega Murillo, que procura la distracción de la oposición en problemas que ni siquiera están presentes en la Nicaragua de hoy, donde existe una amenaza mucho más fundamental.
