Ezequiel Molina | Octubre 2, 2024
Las migraciones humanas son parte intrínseca de la evolución de la humanidad, desde los albores de la civilización hasta hoy, los flujos migratorios han generado, acompañado o consolidado muchas de las profundas transformaciones económicas, ambientales, territoriales y sociopolíticas que delinean el complejo espectro mundial actual. Sin embargo, hoy presenciamos masivos movimientos migratorios que lejos de ser motores de cambios deseables en las sociedades receptoras de estos flujos, son vistos más bien con sentimientos xenofóbicos, discriminativos y de rechazo, tanto así que países como Estados Unidos y países miembros de la Unión Europea, por mencionar algunos, tienden en general a endurecer sus políticas migratorias a fin de evitar que los flujos poblacionales aumenten, o se sientan atraídos por políticas laxas que estimulen la inmigración.
Cuatro países de América Latina y el Caribe atraviesan por crisis migratorias sin precedentes. Venezuela con 9 millones de migrantes (casi un tercio de su población total), desde que el chavismo llegó al poder, es catalogado por la OEA y ACNUR como el mayor éxodo del hemisferio occidental en los últimos 50 años, Haití con un estimado de 2 millones viviendo en el exterior, lo cual representa un 17 por ciento de su población, Cuba que sólo en 2022-2023 alcanzó la cifra de 1.8 millones de cubanos que abandonaron el país reduciendo su población en un18 por ciento, y Nicaragua a 2024, con cerca de 1 millón de emigrantes, ha visto reducida su población en un 13 por ciento, en un vaciado poblacional que no parece tener freno.
Varios flujos migratorios de nicaragüenses hacia Costa Rica se han producido en la historia reciente, pero ninguno de ellos comparado con el éxodo generado a partir de la ola de asesinatos, persecución, encarcelamiento y represión desatado contra la población por la dictadura sandinista a partir de 2018. Se estima que unos 630 mil nicaragüenses residen en Costa Rica en diferentes condiciones migratorias (2024), hasta 2023 casi 200 mil connacionales habían solicitado refugio en Costa Rica, convirtiéndolo en el cuarto país del mundo con mayor número de solicitudes de refugio, solo detrás de Estados Unidos, Alemania y México.
Las políticas públicas de Costa Rica en materia migratoria, expresadas en la Política Migratoria Integral 2024-2034, está dirigida a fortalecer el abordaje del tema desde la perspectiva de derechos humanos, en un proceso de construcción con participación de diversos actores de la sociedad, incluyendo las poblaciones migrantes. Los objetivos, principios, definición de lineamientos y modelo de gestión de esta Política apuntan a derribar las barreras que impiden la integración efectiva de la población migrante, así como a implementar una efectiva observación de los derechos humanos desde un enfoque multidimensional.
Uno de los principales retos en el actual escenario migratorio, es el reconocimiento de la interdependencia entre la sociedad costarricense y la migración nicaragüense; lo anterior se evidencia en un estudio reciente del Centro de Información y Servicios de Salud (CISAS) al indicar que el aporte de los nicaragüenses al Producto Interno Bruto en Costa Rica alcanza el 6.5 por ciento, pero además señala que la participación de mano de obra nicaragüense es crucial en actividades agrícolas con un 71 por ciento, y un porcentaje similar en las actividades de construcción, servicio doméstico y atención en hoteles y restaurantes.
La cercanía geográfica, la permanencia de la dictadura sandinista y las necesidades del mercado laboral costarricense, seguirán marcando la relación migratoria entre los dos pueblos. Un futuro posible, sin las adversidades políticas actuales y un modelo de distribución del ingreso orientado a reducir la enorme brecha existente en la actualidad, debe producir una notable transformación que beneficie a las poblaciones de ambos países. Eso esperamos.
