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Ezequiel Molina | Noviembre 14, 2024

La expresión “color de hormiga” es de uso popular en varios países latinoamericanos, y se refiere a una situación que ha empeorado o se ha hecho crítica, por lo que ilustra perfectamente la situación sociopolítica que atraviesa Nicaragua desde 2018, pero los recientes resultados de las elecciones en EE. UU. parecen incrementar considerablemente la condicionante de “color de hormiga” para la mafia en el poder y sus adláteres. Aunque también hay que decir, y podría ser de sutil consuelo para la familia dictatorial, que muchos les acompañan en su preocupación con el triunfo del trumpismo, sin embargo, ninguno de los mencionados a continuación podrán verse envueltos en un desenlace inesperado, como el que pudiera producirse para los usurpadores del poder en Nicaragua.

Recientes análisis del New York Times muestran la preocupación de varios aliados de Estados Unidos, una vez Trump tome posesión el 20 de enero próximo. Japón, donde debido a conflictos políticos internos ve amenazado el compromiso de incrementar su presupuesto de defensa en más del 2% del producto interno bruto (PIB), lo cual podría ensombrecer futuras pláticas con el presidente Trump, quien durante su administración anterior se quejó de Japón y otros aliados por no invertir lo suficiente en su propia defensa, Europa tampoco se queda atrás, siendo Estados Unidos el principal socio comercial de la Unión Europea y Gran Bretaña, la victoria de Trump acarrea una profunda incertidumbre acerca de las futuras políticas estadounidenses sobre Ucrania, así como en materia de tecnologías, cambio climático y comercio. Corea del Sur, descrito por Trump como el peor negocio para su país, acusando a su aliado asiático de no pagar suficiente por los 28 mil 500 militares estadounidenses estacionados en territorio surcoreano, y a la par de ello crece la expectativa de unas relaciones cercanas entre Trump y el autócrata norcoreano JimJong-un, quien desde 2019 ha desarrollado y probado misiles de capacidad nuclear, lo que le podría facilitar una negociación que resulte en una reducción de presencia militar norteamericana en la península a cambio de que Corea del Norte sea reconocida como una potencia con capacidad nuclear.

Si Trump cumple su palabra de hacer uso de las reservas petroleras estadounidenses, cerraría la llave de billones de dólares que fluyen hacia Venezuela producto de la compra de crudo venezolano -195 mil barriles promedio diarios en el primer semestre 2024- y el daño a la economía del régimen chavista sería catastrófico, la reapertura de hostilidades comerciales hacia China imponiendo tarifas adicionales de 60% o más a todas las importaciones chinas podría cambiar radicalmente el ambiente comercial y geopolítico entre ambas potencias, la relación más cercana entre Trump y el dictador ruso Putin, abre también una página diferente en la relación bilateral, principalmente frente al caso de la invasión rusa en Ucrania. Los tres países mencionados mantienen una relación cercana con la dictadura sandinista, lo cual ha sido compensado con un descarado servilismo, así como asumir papel de bravucón “antiimperialista” y operador regional de chinos y rusos, sirviendo de base de espionaje de estos últimos, y si a ello sumamos que Nicaragua ha  actuado como trampolín transcontinental de migrantes irregulares hacia Estados Unidos y además, según afirmaciones de oficiales del gobierno israelí, sirve de base operativa a terroristas financiados por Irán, el regreso de Trump a la Casa Blanca, rodeado de un gabinete y asesores declarados de línea dura frente a China, Rusia e Irán, puede convertir a la dictadura sandinista en punto focal de Washington y rápidamente pasar a ser moneda de cambio en la puja geoeconómica y geopolítica entre las potencias, lo que significaría el colapso del modelo represivo impuesto por Ortega y su consorte.    

El paragua de posibilidades políticas de Nicaragua se ha ampliado, muy pocas o ninguna favorecen la gestión dictatorial, la que ciertamente se encuentra en punto muerto en la esfera diplomática, económica y sociopolítica. La oposición profesional en el exilio debe actuar con lucidez frente al actual contexto, y convencer al pueblo de Nicaragua que son una opción viable para terminar con este ominoso capítulo de la historia nacional.