Ezequiel Molina | Febrero 28, 2025
La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aprobó una resolución promovida por el gobierno de Ucrania exigiendo el retiro inmediato de tropas rusas de su territorio, el proyecto fue aprobado con 93 votos a favor, 65 abstenciones y18 en contra, la sorpresa fue el voto de Estados Unidos, el cual ratificó el acercamiento indiscutible entre la Casa Blanca y el Kremlin, al votar junto a Rusia y 16 representantes más, incluyendo Nicaragua, en contra de dicha resolución. Y es que la destrucción del tablero geopolítico mundial y sus implicaciones geoeconómicas no han cesado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.
La impetuosidad e impredecibilidad de las medidas de Washington, entre amenazas de aranceles a sus socios cercanos y lejanos, y su apremio por controlar los minerales de tierras raras, han volteado el panorama mundial, todo parece indicar que en el nuevo tablero se podría estar gestando una tripolaridad global entre Estados Unidos, Rusia y China, dejando en una situación precaria a Europa, que está siendo obligada, pero también necesitada por la cercanía geográfica con Rusia, a rearmarse, ya que Estados Unidos ha dicho que dejará de ser el principal financiador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y tomando en cuenta que la industria armamentista europea no puede suplir sus necesidades estratégicas en el corto plazo, el gran proveedor de recursos para la defensa de Europa sería Estados Unidos.
En ese panorama, el Sur Global, liderado por los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África del Sur), ha abandonado su interés por crear un contrapeso económico al G7 y beneficiar a las economías menos desarrolladas; Rusia se ha alineado con Estados Unidos, principalmente por el nuevo reacomodo con Ucrania que daría por terminado el conflicto bélico, y China, que no es visible en el actual reposicionamiento, debido a que sus fichas estratégicas en materia económica y de influencia política están bien posicionadas, no está interesada en causar ruido en el actual contexto.
Ese maremágnum de cambios produjo un efecto de rebote que acabó con la frágil tranquilidad de la dictadura chavista en Venezuela, y es que el enviado especial de Trump a ese país, Richard Grenell, afirmó la semana pasada que, “estamos muy claros sobre el gobierno venezolano y Maduro, pero Donald Trump es alguien que no quiere hacer cambios de régimen”, dicha afirmación a la par del mantenimiento de la compra de crudo venezolano por la norteamericana Chevron parecía mantener fuera de foco al dictador Maduro, pero eso cambió radicalmente, cuando esta semana, Trump ordenó cancelar las licencias de compra de petróleo venezolano a partir de este primero de marzo, y todo parece indicar que el nuevo suplidor de crudo será Rusia al levantar las sanciones impuestas por la Casa Blanca a la compra de petróleo ruso.
Mientras en El Carmen, la pareja dictatorial trata de sembrar el terror con la juramentación de miles de paramilitares de dudosa fidelidad a los intereses de la pretendida dinastía, a la par que incrementa la vigilancia ciudadana a través de una amplia estructura de control y seguimiento destinada a detectar, detener y condenar a todo ciudadano sospechoso de ser desafecto del régimen.
La reducción de las remesas familiares, debido al inminente regreso de miles de nicaragüenses al finalizar el parole humanitario concedido por Estados Unidos, la amenaza de expulsión de Nicaragua del DR-CAFTA, y el consistente y silencioso repudio ciudadano hacia la dictadura marcan un futuro inmediato extremadamente volátil para su permanencia en el poder, a ello se añade la erosionada relación entre la dictadura y sus aliados del gran capital, quienes ven amenazados sus márgenes de ganancia en la medida que las condicionalidades económicas se deterioren y el aislamiento internacional se profundice. La encrucijada de la dictadura ha desaparecido, el único camino que les queda es el de su inminente y estrepitosa caída.
