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Exposición “Dibujar para protestar” visibiliza la represión en El Salvador y abre espacio de reflexión sobre el autoritarismo en Centroamérica

Melissa Guerrero

La represión no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un solo país. Ese fue el mensaje que atravesó la inauguración de la exposición “Dibujar para protestar: Exposición de caricaturas de O. M. sobre el contexto político de El Salvador”, realizada la noche del domingo 6 de julio en San José, Costa Rica.

La actividad, que reunió a artistas, defensores de derechos humanos, académicos y público en general, se propuso como un acto de denuncia y de memoria frente al creciente autoritarismo en la región centroamericana.

El evento comenzó alrededor de las seis de la tarde, con una interpretación inicial a cargo de S. C., académica salvadoreña, y E. P., educador costarricense, quienes contextualizaron la muestra dentro del entramado político regional.

Se hizo énfasis en que la obra del caricaturista O. M. ha sido objeto de censura, persecución y amenazas por parte del actual gobierno salvadoreño, y que esta exposición busca ser un espacio seguro para lo que hoy no puede decirse libremente en su país de origen.

Ambos expositores coincidieron en que Centroamérica enfrenta una creciente ola autoritaria: en Nicaragua, una dictadura consolidada; en El Salvador, el avance acelerado de un régimen con rasgos represivos; y en Costa Rica, señales preocupantes como el cierre de espacios críticos, la inseguridad en aumento, la reducción de fondos para la educación pública y el debilitamiento progresivo de la libertad de expresión.

Ante este panorama, subrayaron la importancia de construir espacios colectivos de reflexión y resistencia, en los que el arte tenga un rol central.

La exposición se inauguró con la narración de una línea del tiempo sobre El Salvador, presentada de forma oral por E. P., quién guio al público por los hitos más relevantes del deterioro democrático en ese país. Desde el ascenso al poder del actual presidente, la concentración del poder en el Ejecutivo y el debilitamiento de las instituciones, hasta la reciente militarización de la vida pública y la represión sistemática a voces críticas. Esta introducción permitió comprender en profundidad el contexto que da origen a las caricaturas expuestas.

Mientras los asistentes recorrían la muestra, en el espacio sonaba de fondo el reportaje “Charlie”, publicado por el medio salvadoreño El Faro el 1 de mayo.

El reportaje, narrado en formato de crónica sonora, cuenta la historia de un joven salvadoreño víctima de persecución estatal, y sirvió como complemento emocional y testimonial al mensaje de la exposición. Las caricaturas dialogaban con esa historia, mostrando cómo el arte puede denunciar lo que a veces las palabras no alcanzan a explicar.

A las ocho de la noche comenzó un conversatorio colectivo, que se extendió por casi dos horas. El tema central fue el arte y su importancia en la sociedad, particularmente en contextos de represión, desplazamiento y censura.

A lo largo del espacio, todas las personas participantes del evento compartieron sus aportes, generando un diálogo horizontal y enriquecedor sobre cómo el arte puede ser refugio, memoria, denuncia y esperanza.

En este intercambio participaron académicos salvadoreños y costarricenses, artistas, personas defensoras de derechos humanos, migrantes y asistentes que compartieron sus reflexiones personales y colectivas. Se discutieron también las múltiples formas de censura, persecución y criminalización de la disidencia en El Salvador, y se analizó la importancia del exilio como espacio de resistencia, así como el rol de las comunidades migrantes en la defensa activa de los derechos humanos.

Las intervenciones destacaron que esta muestra no solo interpela al Estado salvadoreño, sino que también plantea preguntas urgentes a los países vecinos. ¿Qué responsabilidad tienen las sociedades centroamericanas ante el avance de modelos autoritarios en la región? ¿Qué hacemos con los silencios, las omisiones o la indiferencia frente a la represión de nuestros pueblos hermanos?

“Dibujar para protestar” no es una exposición convencional. Es una propuesta política y poética que recupera el trazo como arma de resistencia, que convierte el arte en refugio, en grito, en eco de quienes han sido silenciados. Es también un llamado a sostener la solidaridad entre pueblos, a mirar más allá de nuestras fronteras, y a no dejar que la represión se vuelva normalidad.

La muestra permanecerá abierta al público durante las próximas semanas y se espera que convoque nuevos espacios de diálogo, reflexión y acción en defensa de los derechos humanos en El Salvador y en toda la región.