La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández decidió redoblar su defensa de una relación “armoniosa” con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y arremeter contra los expresidentes costarricenses que la cuestionaron, a quienes acusó de sacar frases de contexto y actuar con “majadería”.
La mandataria reaccionó este miércoles 17 de junio a los cuestionamientos surgidos tras una entrevista en la que evitó condenar al régimen nicaragüense, minimizó la crisis política que vive el país vecino y defendió mantener una relación cordial con la dictadura pese a años de denuncias internacionales por asesinatos, encarcelamientos políticos, desapariciones forzadas, confiscaciones y expulsiones de ciudadanos.
Lejos de responder a las críticas sobre el fondo de sus declaraciones, Fernández centró buena parte de su intervención en desacreditar a quienes la señalaron.
“Si cuando yo sea expresidente ustedes me ven que un día sí y otro también ando en la majadería de sacar frases de contexto para atacar por atacar a los que vengan después de mí, por favor díganme”, afirmó.
Incluso fue más allá al asegurar que: “Si cuando yo sea expresidente, en lugar de alegrarme por lo que sale bien, en lugar de brindar un consejo si me lo pidieran, en lugar de contarles cómo fue en mi periodo la experiencia, me vuelvo una viejilla majadera, que solo ¡‘dele, dele, dele’!. Viendo a ver qué saco de contexto para atacar a la persona que está en el puesto que yo tuve en algún momento. Por favor, pueblo Costa Rica, me avisan para irme al psiquiatra, al psicólogo, internarme, exiliarme”.
Defiende su posición frente a Nicaragua
Durante su intervención, Fernández insistió en que no considera responsable cuestionar públicamente al régimen de Ortega y Murillo debido a la condición de Nicaragua como país vecino.
“Fui enfática en que con Nicaragua nosotros no tenemos relaciones diplomáticas. Costa Rica ni siquiera tiene embajada en Nicaragua. Pero no por eso yo puedo ir a una entrevista a despotricar contra un país vecino. No sería tan irresponsable, especialmente porque con Nicaragua compartimos una frontera por donde se moviliza buena parte del comercio costarricense”, afirmó.
“A duras penas me alcanza el tiempo para arreglar los problemas de Costa Rica como para yo irme a meter en problemas ajenos. Me interesa y reitero tener una relación fraternal con Nicaragua de comercio, Me interesa tener una frontera ordenada, con flujos migratorios ordenados”, sostuvo.
El punto que desató la controversia
La defensa de esa posición ocurre después de que en una entrevista con NTN24 afirmara que Nicaragua tiene “sus problemas internos y su forma de gobierno que han elegido tener”, una frase que generó fuertes reacciones por ignorar el contexto de represión y ausencia de garantías democráticas denunciado por organismos internacionales.
La polémica comenzó cuando Fernández fue consultada sobre cómo manejaba la relación con una dictadura en la frontera norte.
En respuesta, destacó la estabilidad fronteriza y comercial con Nicaragua y evitó referirse a la represión ejercida por el régimen Ortega-Murillo.
Tampoco mencionó a los presos políticos, las desapariciones forzadas, los destierros, las confiscaciones, las desnacionalizaciones ni la muerte bajo custodia estatal del líder indígena miskitu Brooklyn Rivera.
Sus palabras provocaron una inmediata reacción de expresidentes costarricenses que consideraron que la mandataria estaba minimizando una de las crisis de derechos humanos más graves del continente.
