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Argentina sugiere que Nicaragua podría enfrentar un escenario como el de Venezuela

El embajador argentino ante los organismos internacionales en Ginebra, Carlos Foradori, lanzó una de las intervenciones más críticas sobre la situación de derechos humanos en Nicaragua durante el diálogo interactivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, al advertir que las denuncias internacionales no han logrado detener los abusos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La declaración se produjo durante el 61.º período de sesiones del Consejo, en el que se presentó el informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, mecanismo creado por la ONU para investigar violaciones graves en el país.

“No hablamos de estadísticas, hablamos de seres humanos”

En su intervención, Foradori afirmó que el informe de los expertos describe con claridad la gravedad de la represión en Nicaragua.

Hoy no hablamos de estadísticas, hablamos de seres humanos”, dijo el diplomático, al subrayar que el documento concluye que en el país se han cometido crímenes de lesa humanidad, incluyendo asesinatos, torturas, violaciones, desapariciones forzadas y lo que denominó “muerte civil” de opositores.

El embajador utilizó una metáfora contundente para describir el estado del sistema político nicaragüense: lo comparó con “una resonancia magnética en un cuerpo moralmente enfermo en estado terminal que está matando la dignidad humana”.

Crítica directa a la ineficacia de la comunidad internacional

Foradori también cuestionó el impacto real de las denuncias que durante años se han realizado en ese mismo foro.

Según dijo, el Consejo de Derechos Humanos ha servido para visibilizar la crisis, pero no ha logrado detener los abusos.

En este foro se ha denunciado el catálogo completo de violaciones… pero lamento reconocer que no ha logrado evitar ni una sola tortura, ni una sola detención ni una sola desaparición forzada”, afirmó.

Para el diplomático argentino, el debate internacional corre el riesgo de convertirse únicamente en un ejercicio retórico mientras continúan los abusos en el terreno.

La alusión a Venezuela

En uno de los pasajes más llamativos de su discurso, Foradori insinuó que algunos observadores empiezan a preguntarse si Nicaragua podría enfrentar un desenlace similar al ocurrido recientemente en un país sudamericano, en referencia implícita a Venezuela.

“El interrogante que muchos piensan, pero pocos se animan a expresar, es si una situación como la que ha vivido un país de América del Sur recientemente es la única solución posible para que los derechos humanos sean respetados”, afirmó.

La frase sugiere un cuestionamiento profundo sobre la capacidad de los mecanismos internacionales para frenar regímenes acusados de cometer crímenes de lesa humanidad.

“¿La no indiferencia de otros países?”

El embajador argentino fue más allá al plantear si la comunidad internacional podría llegar a un punto en el que la acción de otros Estados sea considerada como la única alternativa para frenar la represión.

“¿Hemos llegado a un punto en el cual la no indiferencia de algún país sobre el sufrimiento de los ciudadanos nicaragüenses sea la única alternativa?”, preguntó.

El comentario introduce un debate sensible sobre el papel que podrían desempeñar actores externos frente a crisis prolongadas de derechos humanos.

“Se agota la esperanza”

Foradori cerró su intervención con un tono pesimista sobre el efecto práctico de los debates diplomáticos.

A su juicio, el riesgo es que la comunidad internacional continúe denunciando la situación mientras el tiempo pasa sin cambios reales.

Por el momento este ejercicio solo ha logrado que nos resignemos a seguir agotando la oratoria hasta que se extinga el tiempo y se agote la esperanza”, concluyó.

La intervención del embajador argentino refleja la creciente frustración de algunos países frente a la persistencia de la represión en Nicaragua, pese a años de informes, resoluciones y denuncias en el sistema internacional de derechos humanos.