El reciente discurso del dictador Daniel Ortega, cargado de ataques personales contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría acelerar una respuesta más contundente de Washington, que ya evalúa distintos escenarios para presionar una salida democrática en Nicaragua, según el analista político y exreo de conciencia Jaime Arellano.
El dictador Daniel Ortega, tildó el pasado lunes de “desquiciado mental” al mandatario estadounidense, Donald Trump, contra quien cargó por sancionar a sus hijos, por “secuestrar” a su aliado venezolano Nicolás Maduro, y amenazar “con desbaratar” a Cuba a través de una operación militar.
De acuerdo con Arellano, la reacción del gobierno estadounidense no será improvisada, sino parte de una estrategia más amplia que prioriza una transición política sin colapsar la economía nicaragüense.
Sin embargo, advierte que la confrontación directa impulsada por Ortega podría modificar el ritmo y la intensidad de esas decisiones.
Una respuesta en evaluación: presión gradual o golpe jurídico
El analista sostiene que Estados Unidos mantiene abierta la vía de una salida negociada, similar a esquemas aplicados en otros países, pero con un margen cada vez más reducido tras la escalada retórica del régimen.
Entre las posibles acciones, menciona:
- Apertura de investigaciones formales por delitos como narcotráfico, lavado de dinero o tráfico de personas.
- Acusaciones judiciales (indictments) contra Ortega, Rosario Murillo y figuras clave del régimen.
- Presentación de cargos ante tribunales federales, lo que podría derivar en órdenes de captura internacional.
- Ampliación de sanciones dirigidas no solo a la familia gobernante, sino también a estructuras del poder, incluyendo al Ejército.
Arellano subraya que Washington ya tendría pruebas suficientes para avanzar en estos casos, pero que el momento de ejecutarlos responde a un cálculo político más amplio.
El factor Ejército: clave en cualquier transición
Uno de los puntos centrales del análisis es el papel del Ejército de Nicaragua. Según Arellano, cualquier estrategia de Estados Unidos pasa por evaluar si la cúpula militar respalda plenamente al régimen o si existen fisuras internas.
“El mensaje no sería solo para Ortega, sino también para el Ejército: decidir si se hunden con el régimen o si facilitan una salida”, advierte.
Incluso plantea que, en escenarios extremos, podría surgir una reconfiguración interna —incluyendo presiones o rupturas— que faciliten un proceso de transición.
Negociación vs. presión: el equilibrio de Washington
El analista insiste en que la prioridad de Estados Unidos es evitar un colapso económico en Nicaragua, por lo que busca aplicar suficiente presión para forzar una negociación, sin provocar un escenario de crisis mayor.
Esto incluye evaluar medidas como:
- adelantar sanciones comerciales,
- restringir beneficios económicos,
- o escalar acciones judiciales selectivas.
Sin embargo, recalca que todas estas decisiones deben alinearse con un objetivo mayor: una transición ordenada.
El riesgo de personalizar el conflicto
Arellano advierte que Ortega podría haber cometido un “error grave” al llevar el conflicto al plano personal con Donald Trump, un líder que —según describe— responde con mayor dureza cuando es confrontado directamente.
“El silencio actual de Estados Unidos es más preocupante que una reacción inmediata”, señala, sugiriendo que la ausencia de respuesta pública podría indicar que se están preparando medidas más estructuradas.
Un escenario en desarrollo
Mientras Washington concentra su atención en otros conflictos internacionales, como la tensión con Irán, Nicaragua permanece en evaluación estratégica.
No obstante, Arellano sostiene que el país forma parte de una agenda más amplia en la región que incluye a Cuba y Venezuela.
En ese contexto, considera que la presión sobre la dictadura Ortega-Murillo es inevitable y que las decisiones podrían acelerarse dependiendo de la evolución política interna y las señales que emita el régimen.
Entre la negociación y la escalada
El análisis concluye que Estados Unidos aún privilegia una salida negociada, pero mantiene abiertas opciones más severas. La dirección final dependerá de factores como:
- la cohesión del régimen,
- el rol del Ejército,
- y la disposición de Ortega a retroceder o continuar la confrontación.
En palabras del propio Arellano, “la decisión de presionar una salida ya está tomada; lo que está en juego ahora es cómo y cuándo se ejecuta”.
