Opinión del Dr. Ernesto Medina, con la que coincidimos la mayoría de nicaragüenses

Después de la reunión del Consejo Permanente que tuvo lugar hoy (ayer), después de haber escuchado los contundentes informes de las organizaciones que velan por la defensa de los derechos humanos, y luego escuchado las intervenciones de países como Bolivia, México y Argentina, trato de encontrar una sola justificación para anteponer principios como la soberanía y el derecho a la autodeterminación de los pueblos y ponerlos sobre la defensa de los derechos humanos de un pueblo que está siendo encarcelado, torturado, humillado, privado del derecho a una justicia imparcial y del derecho a elegir libremente.

Los discursos de estos tres países lo que nos dicen a los nicaragüenses es que Ortega y Murillo son Nicaragua y están protegidos por la soberanía y la autodeterminación que ellos respetan como principios, casi sagrados, por sobre cualquier otra cosa. Nos dicen a Nosotros, la mayoría del pueblo que no tenemos derecho a nada mientras no nos sometamos y entreguemos nuestra dignidad y nuestra libertad a los que ocupan cargos que, en última instancia dependen de la voluntad del soberano, porque son ellos los que en aras de la soberanía y la autodeterminación pueden seguir destruyendo vidas y desbaratando el país.

Nos dicen que debemos resolver nuestros problemas internamente. En la Nicaragua de hoy esto significa que la única solución posible es la que imponga Ortega con sus matones de la policía y del FSLN, ahora convertido en una banda de asesinos, con jueces venales y corruptos, con diputados peleles que hace rato vendieron su dignidad.

Realmente creen estos señores, que tan ardientemente defienden estos principios que el pueblo de Nicaragua está en condiciones de resolver internamente la brutal crisis que nos ahoga? Mientras ellos vuelven la vista a otro lado para no enterarse de los desmanes de Ortega y Murillo atrincherados en la soberanía.

La lección de esta reunión es que nosotros, la mayoría que no participó en la farsa electoral, los que formamos los ríos de azul y blanco que hicieron temblar al régimen, los que a pesar de la represión y las amenazas seguimos siendo hombres y mujeres libres, nosotros, debemos unirnos y organizarnos para decirle al mundo que Ortega no es Nicaragua, que la soberanía por lo tanto no es patrimonio o atributo de Ortega. Nosotros somos Nicaragua y por tanto la soberanía y la autodeterminación deben estar en función de nosotros, el Pueblo, para que se respeten y promuevan nuestros derechos humanos.

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